Cuando el cliente quiere devolver lo robado: Crónica de un show en tienda de juegos
Si alguna vez pensaste que trabajar en una tienda de juegos era solo diversión y risas, prepárate para la otra cara de la moneda. Entre partidas de Dungeons & Dragons y el olor a cartón nuevo, también hay historias dignas de telenovela… o de una buena carcajada a la mexicana. Hoy te traigo una anécdota que parece sacada de un episodio de “La Rosa de Guadalupe”, pero que sucedió en plena década de los noventa, cuando regresar mercancía robada parecía una estrategia válida para algunos “clientes”.
El intento de devolución más descarado del año
Imagínate esto: trabajas en una tienda de juegos de mesa, miniaturas y todo lo relacionado con la fantasía. Un día, entra una señora con cara de “yo nunca rompo un plato” y te dice que quiere devolver un artículo de 50 dólares (¡una fortuna en los noventa!). No tiene recibo, pero la tienda es buena onda y a veces permite devoluciones así. Hasta ahí, todo parece normal. Pero cuando revisas el sistema (que, por cierto, era más viejo que el pan de ayer: un Wyse terminal de esos que solo la abuelita recuerda), descubres algo rarísimo en el historial del inventario.
Resulta que ese producto solo había llegado una vez, desapareció misteriosamente del inventario, tiempo después volvió a aparecer, y luego volvió a “esfumarse”. Y lo más curioso: nunca apareció como vendido, sino como “removido”. O sea, como si alguien hubiera jugado al Houdini con el artículo... y con la paciencia de los empleados.
Al ver semejante lío, nuestro héroe de la tienda decidió pasarle la papa caliente al gerente. Cuando el jefe le explicó a la clienta que no podía devolver el producto y, de paso, le prohibió la entrada a la tienda, la mujer se puso como si le hubieran dicho que el pozole llevaba cilantro (¡imperdonable para algunos!). Y mientras tanto, nuestro protagonista solo pudo disfrutar el espectáculo, como quien ve un partido de fútbol con botana en mano.
El arte de las “devoluciones creativas” y otros trucos de barrio
Pero, ¿qué tan común es esto de intentar devolver cosas robadas, o mejor dicho, “hacerle al vivo” en las tiendas? Como buenos latinos, sabemos que la picardía está a la orden del día, pero también los empleados han desarrollado mañas y reflejos de ninja para detectar a los listillos.
Un comentario muy popular en la historia original lo resume perfecto: “Hay clientes que encuentran recibos tirados en el piso, buscan los productos en la tienda y luego intentan devolverlos para sacar dinero”. En el mundo anglosajón les llaman “refund scammers”, pero aquí podríamos decir que son “mañosos nivel jefe”.
La creatividad en estos fraudes es infinita. Por ejemplo, un lector contó que en la tienda donde trabajaba, los clientes recogían recibos del estacionamiento, buscaban los artículos (como boilers o herramientas caras), los llevaban al mostrador y pedían el reembolso. Y si no te pones trucha, hasta te regresan una licuadora que recogieron de la basura del vecino.
Algunos empleados ya tienen técnicas para evitar estos fraudes: pedir la tarjeta original con la que se pagó (aunque si fue en efectivo, ¡aguas!), revisar cámaras de seguridad, o incluso romper el recibo si el cliente no lo quiere para que no lo usen después. ¡Pura táctica de barrio con tecnología de supermercado!
Historias para no dormir: lo que la gente es capaz de hacer por un reembolso
No falta quien lleva las cosas al extremo. Un caso que se ganó aplausos en los comentarios fue el del “amigo del barrio” que recogía electrodomésticos rotos de la basura, buscaba el mismo modelo en la tienda, compraba uno nuevo, y después de unas semanas regresaba el viejo diciendo que se descompuso… y pedía su reembolso. ¡Eso sí es tener cara dura!
También hubo quien devolvía jamones o leche solo por el depósito de la botella, aunque para lograrlo tenían que vaciar la leche por el drenaje (¡qué desperdicio, por Dios!). Y otros que intentaban devolver juguetes de la cajita feliz de McDonald’s, como si fueran piezas de colección de Star Wars.
Por supuesto, los empleados no se quedan atrás y aprenden a tener ojo de águila. Como dijo una comentarista: “En mi tienda, si veo que entraste sin nada y sales con un carrito lleno para pedir devolución, mejor ni lo intentes”. Aquí, como en la lucha libre, el que no cae, resbala.
¿Devuelvo o no devuelvo? El dilema del retail en Latinoamérica
En muchos países de Latinoamérica, las políticas de devolución suelen ser mucho más estrictas que en Estados Unidos o Europa. Aquí no puedes llegar tan fácil y devolver lo que se te antoje sin recibo, sobre todo porque la desconfianza y el ingenio popular están siempre presentes. No falta la tía que te dice: “¡Ten cuidado, mijito, que aquí nadie da paso sin huarache!”
Las tiendas han tenido que adaptarse a la creatividad de los clientes: poner etiquetas con códigos únicos, pegar el recibo dentro de la bolsa, o incluso tener cámaras hasta en la sección de chicles. Todo sea por evitar que el “vivo” de turno se lleve una lana extra.
Y ojo, no todo es culpa de los clientes: hay empleados que también se ponen creativos, guardando devoluciones en efectivo para familiares, o incluso creando redes de “devoluciones fantasmas”. Pero como dice el dicho: “El que obra mal, se le pudre el tamal”, y más tarde o más temprano, la justicia (o el gerente) los alcanza.
¿Y tú, qué hubieras hecho?
Esta historia nos recuerda que la vida en el retail es como una partida de Jenga: nunca sabes cuándo se va a caer la torre, pero siempre hay alguien que quiere sacar ventaja. ¿Tienes alguna anécdota parecida? ¿Trabajaste en una tienda y viste cosas de no creerse? Cuéntanos en los comentarios, porque aquí la risa no falta y las historias tampoco.
Mientras tanto, la próxima vez que vayas a devolver algo, asegúrate de que sea tuyo… y de que no saliste en las cámaras de seguridad. Porque si no, vas a terminar siendo la protagonista de la próxima crónica viral.
¡Nos leemos, comunidad!
Publicación Original en Reddit: You can't return stolen merchandise