Cuando el cliente quiere balcón... ¡y que le quites el suyo a otro huésped!
Si alguna vez has trabajado en un hotel, sabes que hay clientes difíciles… y luego están los que parecen sacados de una telenovela. Hoy les traigo una historia digna de meme, de esas que te hacen decir “¡no puede ser!” mientras te ríes y te indignas al mismo tiempo. Prepárense para conocer a la familia que quería un balcón… ¡aunque fuera necesario bajar a otro huésped de su nube!
El deseo del balcón y la realidad hotelera
Todo comenzó como cualquier tarde caótica en hotelería: huéspedes molestos, reservas hechas por páginas de terceros y, por supuesto, el clásico “quiero un upgrade gratis”. En este caso, una familia reservó desde enero, pero por una página donde no se puede garantizar habitación con balcón. Solo pusieron su deseo como “petición especial”, de esas que todos sabemos que son como tirar una moneda a la fuente y pedirle a la Virgen de Guadalupe por estacionamiento en el centro.
Aquí va el detalle: las habitaciones con balcón son más caras y limitadas. Si hay, se da; si no, pues ni modo, como decimos en México, “el que madruga, Dios le ayuda”. Pero a estos huéspedes no les gustó la respuesta, y tras varios reclamos y caras largas, subieron a su cuarto... pero la historia no terminó ahí.
Cuando la hija mete la cuchara (y quiere sopa ajena)
Resulta que, minutos después, la hija de los huéspedes llama al hotel y exige hablar con alguien “que sí pueda ayudar”. Comienza la telenovela: que sus padres son fumadores empedernidos, que la abuela no puede caminar bien, que la nieta está llorando, que llamaron hace días y alguien les prometió balcón... Todo adornado con la frase que nunca falla: “Yo trabajé 18 años en reservaciones, siempre hay manera”.
¿A quién no le ha tocado ese cliente que de repente, mágicamente, resulta ser experto en el tema justo cuando no obtiene lo que quiere? Como bien comentó una persona en el foro: “Sí hay manera, se llama planear con tiempo, pagar por lo que quieres y dejar de molestar al personal que no puede arreglar tus errores”.
La hija insistía tanto que hasta llegó a sugerir, muy sutilmente, que se bajara de su habitación con balcón a otro huésped (que sí pagó por ella) para dársela a sus papás. ¡Tal cual! Cuando el personal del hotel le preguntó si de verdad quería que le quitaran el cuarto a alguien más, se hizo la ofendida: “¡Eso no fue lo que dije!”. Pero claro, todos sabemos leer entre líneas.
Lecciones de hotelería: “No puedo dar lo que no tengo”
La situación se volvió tan absurda que el recepcionista solo quería colgar el teléfono y gritar “¡suficiente!”. Pero, como buen profesional, no lo hizo. En vez de eso, aplicó la frase sabia que le recomendó otro usuario del foro: “No puedo dar lo que no tengo”. Repetida con calma, sin perder la compostura, aunque por dentro estuviera a punto de lanzar el teléfono por la ventana.
Muchos en la comunidad comentaron lo mismo: si el balcón era tan importante, ¿por qué no reservaron directamente, pagaron la diferencia o eligieron otro hotel? Incluso hubo quien sugirió que el verdadero problema no era la movilidad, sino el cigarro, y que la hija estaba más preocupada por conseguir un capricho que por buscar soluciones reales.
En América Latina, sabemos bien que el cliente exigente abunda, pero también que hay límites y que no todo se puede resolver con gritos o con “conocidos en el medio”. Como decimos en la oficina: “Tu falta de planeación no es mi emergencia”.
¿Qué aprendimos? ¡Planea, paga y sé buena onda!
Al final, los padres no se fueron, siguieron quejándose y el personal siguió haciendo su trabajo. Pero la moraleja es clara: si quieres algo especial en un hotel, resérvalo con tiempo, paga lo que corresponde y, sobre todo, trata bien al personal. La mayoría de los trabajadores de hoteles en Latinoamérica hacen milagros con pocos recursos, pero no pueden sacar balcones de la manga.
Y, como dijeron varios usuarios: “Si para ti es fundamental fumar en un balcón, busca un hotel que lo ofrezca y asegúrate de reservarlo directo. Si no, ni San Judas Tadeo te salva del coraje”.
¿Has vivido algo parecido como huésped o trabajador? ¿Te ha tocado algún cliente que quería el cielo, la luna y las estrellas (sin pagar extra)? Cuéntanos en los comentarios, ¡queremos escuchar tus anécdotas para reír… o llorar juntos!
¿Y tú, qué hubieras hecho en el lugar del recepcionista? ¿Te animarías a decir: “Si quiere balcón, ayúdeme a construir uno”?
Publicación Original en Reddit: Daughter of guest demands I downgrade other guests for them