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Cuando el cliente grosero se queda temblando: La dulce venganza de un conductor de Uber

Ilustración estilo anime de un conductor de Uber enfrentando a pasajeros groseros por teléfono en el centro de Detroit.
En esta vibrante escena de anime, nuestro conductor de Uber enfrenta una llamada complicada con pasajeros groseros, capturando la tensión de aquella noche fatídica en el centro de Detroit.

¿Quién no ha tenido un día en el que simplemente no tienes ganas de aguantarle sus malos modos a nadie? Esa fue exactamente la situación que vivió un conductor de Uber en Detroit, quien decidió que la mejor “venganza pequeña” era dejar a un grupo de pasajeros congelándose por su mala actitud. La historia, contada en Reddit, desató una ola de anécdotas y risas que, aunque ocurrieron lejos de Latinoamérica, nos resultan demasiado familiares.

Y es que, seamos sinceros, en cualquier ciudad de Latinoamérica todos conocemos a ese tipo de persona que cree que porque está pagando por un servicio, tiene derecho a tratar a los demás como si fueran sus empleados personales. Pero a veces, la vida (o el karma) se encarga de darles una lección... con un toquecito de sabor.

El cliente siempre tiene la razón... ¿o no?

La historia empieza como cualquier noche para un conductor de Uber: manejando por la ciudad, esperando que los pasajeros no sean demasiado intensos ni que la app te mande a zonas “complicadas”. Nuestro protagonista recibe una solicitud para recoger a un grupo de amigos, todos rondando los cuarenta años, en pleno centro de Detroit. Nada fuera de lo común, salvo que, como suele pasar, el GPS no es infalible y el punto de encuentro no coincidía exactamente con donde estaban los pasajeros.

Cuando el conductor llama para ubicarlos, el primer amigo es cordial y todo va bien. Pero de pronto, uno de ellos toma el teléfono y, con acento extranjero y tono altanero, empieza a quejarse: “Nos estamos congelando aquí afuera, no entiendo por qué te tardas tanto”, “estamos en plena acera, ¿por qué nos haces esperar?”. Seguro muchos conductores de taxi o apps en Latinoamérica han escuchado frases parecidas: ese clásico “ya llegué, ¿dónde estás?” aunque ni el cliente ni el conductor saben realmente dónde están parados.

Lo interesante es que, como señaló un comentarista con años de experiencia en taxi, el problema no es equivocarse de lugar: “Podemos hablarlo y encontrar una solución... pero si empiezas a ser grosero o abusivo, ahí sí ya no juego”. ¡Y cuánta razón tiene! Aquí no se trata de quién tiene la razón, sino de cómo te comunicas.

La venganza fría se sirve... con cancelación

Nuestro protagonista no se quedó callado ante los reclamos. Después de varios segundos de aguantar el tono arrogante del pasajero que ni siquiera lo dejaba explicar, decidió darles una cucharada de su propio chocolate: colgó la llamada, canceló el viaje y se fue a buscar a otro cliente más amable. ¿Resultado? Unos amigos con frío y una lección de humildad servida en bandeja.

Entre los comentarios, varios conductores compartieron historias similares. Uno contó que, al ver que el pasajero era grosero, ni se molestaba en discutir: “Click, y a buscar el siguiente cliente”. Otro relató cómo tuvo que dejar a unos pasajeros “fresones y prepotentes” en un barrio peligroso por su mala actitud. ¡Que aprendan que no pueden tratar mal a quien les presta un servicio!

Pero no todo es culpa del pasajero: también hubo quienes recordaron que a veces los conductores se equivocan de dirección, y que lo mejor es resolverlo con calma. Como alguien dijo: “Si todos intentan resolver el problema con respeto, no importa quién tenga la razón”. Palabras sabias, porque, al final, todos estamos expuestos a errores de ubicación, ya sea en la CDMX, Buenos Aires o Bogotá.

Entre risas, anécdotas y uno que otro “karma instantáneo”

La publicación sirvió para abrir la caja de Pandora de anécdotas. Desde historias de taxistas que terminaron lejos de la ciudad porque no quisieron escuchar al pasajero (“¡estábamos saliendo de la ciudad y el chofer seguía necio!”), hasta relatos de Ubers cancelando viajes a grupos fiesteros porque “la amiga borracha exigía parada en el drive-thru de hamburguesas”.

Incluso hubo quien confesó que, si un amigo suyo hacía que el conductor cancelara el viaje, lo dejaba castigado esperando solo el siguiente Uber. Muchos lectores comentaron entre risas que seguramente los otros amigos estaban furiosos con el grosero que arruinó la noche.

Y entre tanto desahogo, también salió a relucir una verdad universal: “Trabajar cara al público no significa que uno tenga que aguantar groserías de nadie, ni en Detroit ni en Quito”. En Latinoamérica, donde la cortesía y el “buen trato” son parte de la cultura (aunque a veces se nos olvide), estas historias nos recuerdan la importancia de la empatía... y de saber cuándo poner límites.

¿Merecido o exagerado? El eterno debate

Por supuesto, no faltaron los que dijeron que la reacción del conductor no fue “pequeña venganza” sino sentido común. “Eso no es venganza, es lo normal; nadie tiene que aguantar malos tratos”, escribió alguien. Otros, más filosóficos, reflexionaron sobre la importancia de la comunicación y el respeto mutuo, porque al final, todos podemos ser pasajeros o conductores en algún momento.

Y tú, ¿qué hubieras hecho? ¿Has vivido una situación parecida en un taxi, Uber, DiDi o Cabify latinoamericano? ¿Crees que estuvo bien cancelar el viaje o debió aguantar un poco más? Cuéntanos en los comentarios tu historia: ¿alguna vez el karma te hizo justicia en el transporte público?

En fin, la próxima vez que pidas un Uber, recuerda: una sonrisa y un “buenas noches” pueden ahorrarte minutos de frío... y hasta una anécdota viral en internet.


Publicación Original en Reddit: This guy spoke rudely to me on the phone while I tried picking him up for Uber so I taught him a lesson