Cuando el cine se convierte en batalla: La guerra silenciosa contra el celular
¿Te ha pasado que vas al cine, listo para disfrutar esa película tan esperada, con tus palomitas y refresco en mano, y de repente… zas, un destello de luz interrumpe la oscuridad? No es la aparición de un ovni ni el proyector fallando. Es, como siempre, un celular rebelde. Hoy te cuento la historia de una pequeña pero divertida “venganza” que se libró en una sala de cine. Porque aquí, en nuestra tierra, si algo nos molesta, no nos quedamos callados… ¡aunque sea con estilo!
El ritual del cine (y el intruso digital)
Ir al cine en Latinoamérica es casi sagrado. Desde hacer fila para los boletos hasta discutir con tu compa si te toca la fila de en medio o la de atrás, todo forma parte del ritual. Pero lo que no debería ser parte, y sin embargo se cuela como salsa picante en café, son esos brillos de pantalla que aparecen justo cuando la película comienza.
Eso le pasó a un usuario de Reddit, quien compartió su odisea en una sala oscura. Al lado, un chico no soltaba el celular ni durante los avances. Al principio, nada grave: “Yo también leo o veo mi celular antes que empiece”, diría cualquiera. Pero cuando ya empieza la función y sigue la luz, ahí sí, como decimos, “ya chole”.
El protagonista intentó ser discreto, lanzando miradas y moviéndose incómodo para que el muchacho captara la indirecta. Al ver que el chico seguía en lo suyo, se animó a susurrarle: “¿Qué está tan interesante?”. El joven, medio apenado, respondió “nada” y guardó el celular… por unos minutos.
Técnicas de supervivencia en la jungla del cine
Aquí es donde la cosa se pone buena. Porque en Latinoamérica, si algo no funciona con miradas, se sube de nivel. El chico volvió a sacar el celular, esta vez con el brillo más bajo, pero aún así, la luz molestaba. El narrador, ya harto, decidió usar su iPad (sí, llevó un iPad al cine, lo que generó comentarios igual de jugosos que la historia principal) y lo encendió y apagó rápido, como quien lanza un hechizo para ahuyentar espíritus. “Uy, perdón, fue sin querer”, dijo. Y, milagro, el muchacho entendió la indirecta y no volvió a encender el celular en toda la película.
Pero aquí no termina la historia. Los comentarios del post se volvieron una especie de festival de estrategias para lidiar con estos “delitos cinéfilos”. Uno contó que en vez de indirectas, prefiere gritar “¡Celular!” a todo pulmón, como si estuviera en plena final de fútbol. Otro confesó que compra palomitas solo para tener municiones y lanzarlas a los infractores. Y aunque suena extremo, ¿quién no ha sentido ganas de hacer lo mismo alguna vez?
Por otro lado, hubo quienes defendieron el derecho a usar el celular, argumentando situaciones urgentes (como padres contactando a la niñera o personas monitoreando la salud de un familiar). Pero la mayoría coincidió que, a menos que sea una emergencia, lo mínimo es ser considerado y buscar un lugar apartado o salir un momento.
El eterno debate: ¿Cultura de respeto o “vive y deja vivir”?
En México, Argentina, Colombia o donde sea, todos hemos vivido el dilema: ¿Digo algo o me aguanto? Algunos opinaban que el protagonista fue demasiado lejos y debió simplemente pedirle educadamente al chico que apagara el celular. Otros decían que, si uno paga por la experiencia en el cine, tiene derecho a disfrutar sin interrupciones. Un usuario, con mucha razón, escribió: “La luz del celular sí distrae, y si no puedes desconectarte por dos horas, mejor ve la peli en casa”.
Lo cierto es que la convivencia en espacios públicos siempre genera roces. Y aunque algunos comentarios decían que “esto ni es venganza, solo dos personas comportándose como niños”, otros aplaudieron la creatividad del iPad para dar a entender el mensaje sin armar escándalo.
¿Y tú, de qué lado estás?
Si algo nos dejó esta historia es que la guerra contra los celulares en el cine sigue más viva que nunca. Y aunque las tácticas pueden ir desde la amabilidad hasta la picardía, lo que realmente importa es el respeto. Porque, al final del día, todos queremos disfrutar la película, reírnos en la mejor parte y salir contando la historia, no solo de la película, sino de la aventura que fue verla.
Así que la próxima vez que alguien saque su celular en el cine, ¿qué harás? ¿Le lanzas una mirada fulminante, aplicas la técnica del “sin querer queriendo” o te animas a decirle directamente? Cuéntanos tus anécdotas, que seguro más de uno se sentirá identificado. ¡El cine es para todos, pero el respeto no se negocia!
Publicación Original en Reddit: Won't stop texting in the movie? It must be more interesting!