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Cuando el celular vale más que el trato humano: historias desde la caja

Cliente distraído con su teléfono mientras espera el servicio de impresión en un mostrador de tienda.
En este momento cinematográfico, un cliente está absorto en su teléfono, ajeno al rápido servicio de impresión disponible. ¡A veces, las tareas más simples requieren toda nuestra atención!

¿Te ha pasado que entras a una tienda y el cajero parece invisible? Tal vez estamos tan acostumbrados al celular que olvidamos que, detrás del mostrador, hay una persona esperando. Hoy te traigo una historia que podría pasar en cualquier papelería, tienda de barrio o incluso en el OXXO de la esquina, y que nos recuerda por qué es importante dejar el teléfono de lado… ¡al menos unos minutos!

El cliente fantasma: entre el celular y el mostrador

Imagina que trabajas en un centro de impresión. Llega un cliente, con cara de apurado, pero pegado a su celular como si le estuviera confesando la vida entera a WhatsApp. Tú, como buen trabajador, señalas el letrero con el correo para que te mande el archivo. Impecable, eficiente, listo para atender. Imprimes el documento en menos de un minuto y lo dejas sobre el mostrador.

Y ahí empieza el show: el cliente sigue clavado en su pantalla. Medio minuto... un minuto... dos minutos. Le preguntas si va a enviar otro archivo y, sin despegar la vista del celular, te contesta "sí". Pero no llega nada al correo. Vuelves a preguntar: "¿Seguro que no tiene otro archivo para imprimir?" y otra vez, el famoso "sí".

Al final, decides cambiar la estrategia y le das el total: menos de $4 dólares (piensa en unos $70 pesos mexicanos o $15.000 chilenos, según el país). Por fin, el cliente levanta la cara… ¡y saca un billete de $100 dólares! Aquí es donde cualquier cajero de Latinoamérica siente la presión: ¿cómo le vas a dar cambio de semejante billete para una compra tan pequeña? ¡Ni que el cajón fuera el Banco de México!

¿Por qué siempre el billete grande? Un clásico latinoamericano

Esta situación la hemos vivido todos: el que quiere pagar un chicle de $2 pesos con un billete de $500, o el que en la tiendita de la esquina compra una Coca-Cola con un billete de $1.000 argentinos. En los comentarios del post original, muchos empleados de tiendas compartieron historias similares. Uno decía: "Siempre llega el cliente de las 9:05 am, recién abrimos, y quiere pagar un dulce con un billete de $100. ¿De dónde sacan tantos billetes grandes? ¡Yo ni he visto uno!"

Hay quienes sospechan que algunos clientes lo hacen solo para presumir su poder adquisitivo ("aquí les dejo mi billete, me sobra el dinero"), o incluso que algunos intentan colar un billete falso. Otros, como bien apunta un usuario: "En vez de buscar cambio, mejor usan la excusa para presumir su billetón." Y no falta el que recuerda: "En mi trabajo, si eres grosero y pagas en efectivo, te doy el cambio en puras monedas de $1. ¿No que muy listo?".

Y es que, seamos sinceros, la mayoría de los cajeros en Latinoamérica apenas empieza el día con un poco de cambio; los billetes grandes se quedan para después, cuando ya hubo rotación de ventas. "Las cajas no son bancos", decía un comentario. "Si quieres cambio, ve al banco o al cajero automático y pide billetes chicos".

El arte de ignorar al cajero (y las consecuencias)

Pero si algo indigna más que el billete gigante, es esa actitud de no mirar ni saludar. Como compartió otro usuario: "Desde que trabajé en ventas, siempre trato de llevar cambio y, sobre todo, de mirar y responder al cajero. ¡No cuesta nada ser amable!"

Y es que, en Latinoamérica, el trato personal es casi sagrado. En la tienda, en el mercado, en la papelería: un "buenos días" y una sonrisa son parte del ritual. Ignorar al cajero se siente como una falta de respeto. Hasta hay quien se pone creativo: "Una vez, una señora llegó hablando por teléfono y ni me saludó. Le di los donuts del día anterior en vez de los frescos. ¡Para que aprenda!"

Otra anécdota cuenta: "Tuve una clienta que ni me pelaba, estaba en llamada. No le escaneé nada hasta que colgó. Cuando se dio cuenta, le dije: 'Ahora sí, ¿le puedo cobrar?'." A veces, la paciencia se agota y el humor salva la situación.

La moraleja: un poco de atención y cambio justo

¿Qué aprendemos de todo esto? Primero, que la tecnología es maravillosa, pero no debe reemplazar el trato humano. Un "gracias", un "¿me puede cobrar, por favor?" o un simple contacto visual pueden cambiar el día de quien te atiende. Y segundo, que si vas a comprar algo pequeño, ¡lleva cambio! Deja los billetes grandes para el súper o el banco, y ayúdale a tu cajero a no sufrir infartos mañaneros.

Antes de irte, piensa: ¿cuántas veces has estado del otro lado del mostrador? ¿Has sido el cliente distraído o el cajero paciente? Cuéntame tu experiencia en los comentarios, porque en Latinoamérica todos tenemos una buena anécdota de tienda para compartir.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Cuál es la peor (o más divertida) forma en que te han pagado? ¡Déjalo aquí abajo y sigamos la charla! Porque, al final, todos aprendemos algo… aunque sea a dejar el celular de lado por unos minutos.


Publicación Original en Reddit: Put the phone down and pay me