Cuando el borrachín del pueblo pidió “aventón”… y terminó pagando la tarifa más cara
En cada pueblo pequeño siempre hay personajes que todos conocen: la señora que vende tamales, el chismoso de la esquina y, claro, el borracho de confianza. Esta es la historia de cómo un “aventón” pidió más de la cuenta, y cómo una familia harta le puso precio… ¡y vaya precio! Prepárate para reírte y reflexionar sobre esas venganzas chiquitas pero sabrosas que solo se ven en lugares donde todos se llaman por su nombre.
El entorno: Pueblo chico, infierno grande (y sin semáforos)
Imagínate vivir en un pueblo tan pequeño que ni semáforos tiene. Ahí, cualquier cosa que pasa, se sabe antes de que termine de ocurrir. Así vivía una joven pareja con su bebita, en una casa móvil “prestada” por la suegra. Todo iba tranquilo, salvo por un pequeño gran detalle: el novio de la suegra, conocido por todos como el alma (en pena) de las cantinas del pueblo.
Este señor, que podría competir fácilmente con cualquier personaje de telenovela, tenía la rutina de irse de bar en bar hasta que lo sacaran —y mira que eran pocos bares, pero él siempre encontraba manera de prolongar la farra. Ya te imaginarás el olor a caña y el tambaleo clásico del que ya no distingue la banqueta de la calle.
La noche en que el descanso se volvió comedia
Una noche cualquiera, cuando la paz reinaba y la bebita dormía como angelito, la pareja se disponía a ver la tele. De repente, ¡toc-toc-toc! ¿Quién puede ser a estas horas? Obvio, el borrachín de siempre. Decidieron ignorar el llamado, pero el hombre, necio como él solo, comenzó a rodear la casa: que si la otra puerta, que si la ventana, hasta que finalmente, ¡zas!, encontró una puerta sin seguro y la abrió como si fuera el dueño.
Lo que no sabía era que ya habían llamado al 911. Aquí viene lo bueno: cuando el esposo mencionó su nombre al despachador, la respuesta fue un clásico de pueblo: “¡Ah, sí, ya lo conozco!” En menos de lo que canta un gallo, llegaron todos los policías disponibles (que seguro no eran muchos, pero con sirena y todo), y hasta el sheriff, listos para poner orden y, por supuesto, echarse el chisme.
Mientras tanto, el susodicho solo repetía: “¡Nomás quiero que me lleven a mi casa!” Y el yerno, con una sonrisa de esas que solo da la satisfacción, le contestó: “Tu ride ya viene en camino.”
¿Aventón? Solo con tarifa incluida
La policía, después de controlar la situación (y comprobar que la bebita seguía dormida, gracias a todos los santos), le preguntó a la esposa si quería levantar cargos. Ella, más práctica que dramática, solo pidió que lo mantuvieran lejos. Una oficial, medio en broma medio en serio, le advirtió: “Si hubieras despertado a la niña, te llevaba directo al bote, sin importar lo que ella dijera.”
Pero el remate de la noche fue cuando el borracho, ya resignado, pidió su tan ansiado “aventón”. Los policías, en vez de hacerla de Uber gratis, voltearon con el yerno: “¿Le das ride?” Antes de que pudiera decir nada, la esposa saltó: “¡Pero no gratis!” Y aquí la verdadera venganza: revisaron cuánto dinero traía el hombre (unos $40 o $60 dólares, o sea, lo de varias rondas de chelas), y le dijeron: “Dáselo a él, o te vas a la cárcel.” ¡Y así fue como el ride de menos de un kilómetro se convirtió en el más caro de su vida!
Un usuario en Reddit lo resumió perfecto: “Eso fue una venganza pequeña pero deliciosa. ¿Te volvió a pedir aventón?” El autor respondió: “Nunca volvió a pedir ride… no sé por qué.” Y otro, con humor muy de barrio, sugirió: “Le hubieras dado aventón, pero a las afueras del pueblo, para que caminara de regreso.”
Reflexión: La venganza se sirve fría… y con tarifa
Lo más gracioso es cómo la comunidad de Reddit comparó al borrachín con personajes de series como Frank de “Shameless”—y es que en cada cultura hay un Frank, aunque aquí lo podríamos comparar con el clásico “Don Chuy” de la cantina, el que siempre tiene una historia bajo la manga y tequila en la sangre. Algún comentarista bromeó: “Si fuera Frank, ni para el ride hubiera traído dinero.”
La moraleja es sencilla pero poderosa: en los pueblos, la justicia puede ser más creativa que en las grandes ciudades. A veces, lo mejor no es pelear, sino ponerle precio a la necedad ajena y, de paso, dormir tranquilo sabiendo que ni los borrachos se atreven a volver.
¿Y tú? ¿Has cobrado alguna vez por un favor que ya te tenía harto? ¿O has sido el “Don Chuy” de tu barrio? Cuéntanos tu historia y, quién sabe, tal vez te llevas la próxima venganza pequeña… con tarifa incluida.
Publicación Original en Reddit: You just want a ride? OK, but it's going to cost you