Cuando el altavoz arruina el almuerzo: una pequeña pero sabrosa venganza en el restaurante
Todos hemos tenido ese día tranquilo en el que solo queremos comer en paz, lejos del ajetreo y, sobre todo, del ruido. Imagina estar en medio de la nada, en un restaurante casi vacío, disfrutando de la compañía de un colega... hasta que aparece un personaje que convierte la calma en un auténtico show de gritos telefónicos. ¿Te ha pasado? Prepárate para conocer la venganza más ingeniosa (y satisfactoria) contra los que creen que su llamada es más importante que el espacio de todos.
El enemigo público número uno: el que grita por altavoz
La historia comienza en un Denny’s perdido en Utah, donde el protagonista y su compañero de trabajo, tras horas de carretera, deciden hacer una merecida pausa para almorzar. El lugar estaba tan vacío que hasta la mesera les dejó escoger su mesa favorita, y todo apuntaba a una comida tranquila. Pero, como suele pasar en la vida, la paz dura poco: entra un hombre, se sienta justo en el booth de al lado y, sin ningún pudor, comienza a gritar por teléfono, altavoz a todo volumen.
No era una llamada cualquiera: era la típica discusión familiar sobre boletos de avión, si la suegra necesita silla de ruedas, el estacionamiento caro... y pronto se suma el cuñado y se arma el escándalo en su idioma natal. La escena era tan absurda que uno de los comentaristas de Reddit, adaptándolo a nuestro humor, escribió algo como: “Desayuno con un toque de venganza pequeña… delicioso”. Y es que, ¿quién no ha querido ponerle un alto a estos personajes en el café de la esquina, en el bus o incluso en la sala de espera del IMSS?
El contraataque: ¡Guerra de altavoces!
Nuestros protagonistas, ya hartos de soportar la telenovela ajena, deciden responder con creatividad y un poco de sabor latinoamericano: uno se levanta, se sienta al otro lado del parlanchín y llama a su compañero. Ambos ponen el altavoz y empiezan a gritarse su pedido como si estuvieran pidiendo en el mercado de La Merced:
—“¡NO ME IMPORTA LA HORA, QUIERO PAN FRANCÉS!”
—“¡ESPERO QUE ME DEN EL MILKSHAKE EXTRA EN EL VASO DE METAL!”
La mesera, cómplice perfecta, entra en el juego y les pide que sigan gritando su orden por el teléfono:
—“Pregúntale cómo quiere los huevos”, dice ella, con la sonrisa de quien ve una novela en vivo.
—“¡¿CÓMO QUIERES TUS HUEVOS?!”
—“¡REVUELTOS!”
Así, durante dos minutos, el restaurante se convierte en una batalla de gritos tan absurda como hilarante. El hombre del altavoz, incapaz de soportar su propia medicina, termina explotando: “¡Malditos idiotas!” y sale furioso, mientras los protagonistas y la mesera se desternillan de la risa. Uno de los mejores comentarios lo resume perfecto: “Cuando te gritan lo mismo que tú haces, lo que realmente quieres decir es ‘perdón por ser un imbécil’, pero el ego no te deja”. ¡Tal cual!
La sabiduría colectiva: todos hemos sufrido al “señor altavoz”
Este relato no solo sirvió para sacar carcajadas; también encendió una catarata de anécdotas y estrategias de otros usuarios. Uno contó que ponía la música del restaurante al máximo cuando llegaba el típico cliente gritón, y solo la bajaba cuando se quejaba con el gerente, para luego subirla de nuevo. Otro relató que imitaba la conversación ajena, o incluso ponía “Baby Shark” a todo volumen para ver quién era más molesto.
Lo más curioso es que todos coinciden en algo: la falta de respeto con el altavoz se ha vuelto una plaga moderna. “En la sala de espera del doctor, en el bus, en la oficina… ya nadie usa audífonos”, lamenta una usuaria, harta de escuchar peleas ajenas. Otros sugieren que deberíamos reinstalar las cabinas telefónicas, pero ahora como “cuartos de aislamiento” para quienes no pueden vivir sin compartir su vida en altavoz.
Como bien dijo un comentarista, “nada cura el síndrome del altavoz como consecuencias inmediatas”. Y es cierto: la mayoría de los gritones no tienen ni idea de lo molestos que son hasta que les toca sufrirlo en carne propia.
Un mensaje para los amantes del altavoz (y para los que ya no aguantan más)
Esta historia es un recordatorio de que, aunque la venganza pequeña no arregla el mundo, sí puede devolvernos el buen humor y rescatar un almuerzo perdido. Además, demuestra que, cuando la creatividad y el humor se juntan, hasta la peor situación puede volverse anécdota memorable. Como dirían en México: “No se trata de pelear, sino de enseñar con estilo”.
Así que la próxima vez que te toque un “señor altavoz”, recuerda esta táctica: responde con ingenio, sentido del humor y, si puedes, cómplices que entiendan la jugada. Quizá termines con una gran historia y, quién sabe, con el mejor milkshake de tu vida.
¿Tú qué harías en una situación así? ¿Tienes alguna anécdota digna de contarse? Cuéntanos en los comentarios y comparte tu receta para sobrevivir a los gritones de altavoz. ¡Porque todos merecemos comer en paz!
Publicación Original en Reddit: Speakerphone madness