Cuando el agotamiento gana: la noche en que el recepcionista dijo “hasta aquí llegué”
En el mundo de la hotelería, especialmente en el turno nocturno, hay historias para no dormir. Pero pocas tan sabrosas como la de ese recepcionista que, después de dos años aguantando desvelos, jefes flojos y cambios de horario sin previo aviso, por fin se olvidó de ir a trabajar… ¡y no sintió ni una pizca de culpa! Si alguna vez sentiste que el trabajo te estaba chupando el alma, esta anécdota es para ti.
El día que el cuerpo dijo “ya basta”
Resulta que nuestro protagonista, un night auditor de hotel—ese héroe anónimo que cuida el changarro mientras todos duermen—llevaba dos años sin faltar ni una sola vez. Pero entre mudanzas, cambios personales y jefes que juegan a las escondidas con los horarios, el cansancio lo alcanzó. Su jefa le cambió el turno de la semana sin avisar como quien cambia de canal con el control remoto. El jueves, día sagrado para descansar y echar la flojera, de pronto se volvió día de trabajo, pero él ni enterado.
¿El resultado? Se echó una siesta de campeonato, de esas que solo te levantas porque el estómago ruge o porque la suegra llama. Abrió el ojo a las 3 de la mañana, vio mensajes y llamadas perdidas de sus jefes, y ahí entendió: “¡Ups, hoy sí la regué!”
El arte del “No molestar” y los límites en el trabajo
Pero lo más divertido no es el olvido, sino la reacción. Lejos de entrar en pánico, nuestro amigo simplemente escribió: “Ni modo, si quieren me avisan y cubro un turno la próxima semana”. Nada de salir corriendo ni de autoflagelarse. Y es que, como él mismo cuenta, últimamente lo han traído de arriba para abajo: le piden quedarse hasta las 10 de la mañana porque los jefes “andan cansados”, lo buscan para que cubra desayunos, le llaman mientras está de vacaciones y hasta cuando duerme. ¡Ya ni en las novelas mexicanas se ve tanta explotación!
Aquí entra la joya tecnológica: el famoso Do Not Disturb (No molestar). Uno de los comentarios más aplaudidos en el foro fue de alguien que aconseja poner el celular en “no molestar” y dejar que todo se vaya al buzón de voz. “Gracias a Dios por el DND”, dice el protagonista, y vaya que muchos lo entendemos. Como diría cualquier latino: “Si no cuidas tu descanso, nadie lo hará por ti”.
Otra persona le echó la mano con sabiduría de barrio: “Ellos son flojos porque tú les resuelves la vida. Aprende a decir no, pon límites y apaga el celular. El cansancio no se cura con vitaminas, sino con respeto y descanso”. Y es cierto: aquí y en China, si uno no pone un alto, te cargan la mano hasta que revientas.
El cansancio no se cura con vitaminas, ni con alarmas
Varios lectores compartieron sus trucos para no quedarse dormidos: desde poner cuatro alarmas con nombres como “ya párate”, “al baño”, “métete a bañar”, hasta la clásica de “pon el teléfono en modo silencio y que el mundo ruede”. Todos coinciden en que, al final, ningún trabajo vale tu salud. Como dijo otro usuario: “Si sigues quemando la vela por los dos lados, pronto no quedará nada que quemar… y los jefes se quedarán sin recepcionista nocturno”.
Y es que en Latinoamérica, donde el “échame la mano” y el “usted aguanta, joven” son casi religión, a veces olvidamos que también tenemos derecho al descanso. Nadie quiere ser el mártir del hotel.
¿Se vale olvidarse del trabajo? ¡Por supuesto!
Lo más refrescante de la historia es que, lejos de sentirse culpable, el protagonista dice: “Si me corren, ni modo. Capaz que es la señal que necesitaba para renunciar”. Y, honestamente, ¿quién no ha soñado con ese momento de liberación? A veces, la vida te da un empujoncito para que busques algo mejor, donde tus jefes te traten como persona y no como máquina.
Muchos en el foro le dieron ánimos: “No pasa nada, todos somos humanos. Mejor busca un lugar donde te respeten”. Y ese consejo, aunque parezca básico, es oro puro en tiempos de explotación laboral.
Conclusión: Cuida tu descanso, porque nadie más lo hará
Esta historia no solo nos saca una sonrisa, sino que nos recuerda algo fundamental: poner límites no es ser flojo, es tener dignidad. Así que si tú también trabajas en horarios imposibles, apaga el celular, cuida tu sueño y no te sientas mal por priorizarte. Como dice el dicho latino: “El que mucho abarca, poco aprieta”.
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Tienes alguna anécdota de jefes que creen que uno no duerme ni come? ¡Cuéntanos en los comentarios y hagamos catarsis juntos! Porque en Latinoamérica, si no nos reímos del trabajo… ¡terminamos llorando!
Publicación Original en Reddit: After 2 years, it finally happened