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Cuando dos Kevins se unen en la universidad… y todo sale peor de lo esperado

En el mundo universitario, hay personajes que parecen salidos de una telenovela o de una comedia absurda. Todos conocemos al típico compañero distraído, al que siempre llega tarde o no sabe ni en qué salón está parado. Pero lo que pocos han presenciado es lo que ocurre cuando dos de estos personajes —vamos a llamarlos “Kevins”— se encuentran, se hacen amigos y, juntos, logran que su desastre personal se vuelva leyenda entre los pasillos.

Esta es la historia de dos Kevins en una universidad cristiana de Estados Unidos que, creyendo que podían burlar las reglas, terminaron aprendiendo a la mala que la vida universitaria no perdona. Así que ponte cómodo, porque esto parece una mezcla entre un episodio de “La Rosa de Guadalupe” y una comedia de enredos.

Los dos Kevins y su plan (muy) fallido

Cuando el destino decidió juntar a “roommate Kevin” y “NAZI Kevin” en el mismo campus, nadie imaginó el nivel de caos que podrían alcanzar. Se hicieron amigos rápidamente y, como buenos compinches, comenzaron a saltarse clases con el mismo entusiasmo con el que un mexicano se salta los anuncios de YouTube.

El plan era sencillo —al menos en sus cabezas—: si ambos estaban inscritos en la misma materia, uno podía faltar y el otro cubrirlo. Pero aquí viene el primer plot twist… ¡Ambos faltaban al mismo tiempo y se iban juntos a perder el tiempo! Como diría una tía en la sobremesa, “eran el uno para el otro… para el desastre”.

Lo mejor es que ni siquiera se preocupaban por los trabajos o tareas. Pensaban que mágicamente el otro se haría cargo o que, por arte de magia divina, la calificación caería del cielo. Como mencionó un usuario en el foro, “¿cómo es posible que sabiendo que compartían clase, ambos pensaran que el otro estaba yendo?”.

La profesora temida y la dura realidad

Ahora bien, no se trataba de cualquier materia. Era una clase de literatura impartida por la profesora con peor reputación según los estudiantes. Imagínate una maestra tan estricta que ni la abuelita más exigente de la familia se atrevería a discutirle. Esta señora tenía fama de reprobar a medio mundo: nada de trabajos tarde, cero tolerancia con las faltas, y los exámenes y quizzes valían una parte importante de la nota final.

Un amigo del autor, que sí tomó la clase, lo describió así: “Allí no había margen para el relajo. Faltabas, perdías el 20% de la nota. No hacías los quizzes, chao otro 20%. Y la ‘profe’ no se tentaba el corazón”.

Así, llegó el final del semestre y, oh sorpresa, los dos Kevins se dieron cuenta que iban directo al fracaso. Se les ocurrió entonces la brillante idea de buscar a la profesora fuera de horario —sin avisar ni pedir cita— para pedirle que les salvara el semestre. Cuando ella, evidentemente, los mandó a volar, intentaron acusarla ante la universidad… ¡por racismo y sexismo! Como si fuera tan fácil engañar a un sistema educativo solo porque no te gustó la calificación.

El karma universitario y la lección que no aprendieron

Por supuesto, la universidad no tardó en ignorar sus quejas y los Kevins terminaron reprobando tan feo que su promedio se fue al piso. Tuvieron que repetir el año académico, y aunque de alguna forma milagrosa lograron graduarse, la anécdota quedó para la posteridad.

Algunos comentaristas del foro no podían creer el nivel de despiste: “¿Qué clase de escuela era esa que había tantos Kevins?”, preguntó uno. El autor respondió con humor: “Era una universidad cristiana, había Kevins por todos lados en mi primer año”. Otro usuario bromeó diciendo que seguramente sus papás los mandaron ahí esperando que la escuela los enderezara… pero está claro que ni la fe pudo con ellos.

Por si fuera poco, el autor reveló que los Kevins también eran aficionados a los psicodélicos (sí, leíste bien), cortesía de otro estudiante igual de perdido. Tal vez eso explique cómo lograron convencerse de que su plan tenía sentido.

Reflexión final: ¿Todos llevamos un Kevin dentro?

Aunque esta historia parece surrealista, es un recordatorio de que la vida universitaria —y la vida en general— no se trata de ver quién puede engañar mejor al sistema, sino de asumir responsabilidades. Los dos Kevins aprendieron, a la mala, que la flojera y la falta de comunicación pueden costar caro.

Y tú, ¿alguna vez tuviste un compañero así de despistado? ¿O quizá eras tú el “Kevin” del grupo sin darte cuenta? Cuéntanos tu anécdota universitaria más absurda en los comentarios. Porque al final, todos tenemos una historia digna de contarse… o al menos de reírnos un rato.

¿Conoces a algún Kevin en tu vida? ¡Compártenos tu experiencia y sigamos riendo juntos de los enredos académicos que solo se viven en Latinoamérica!


Publicación Original en Reddit: NAZI Kevin and roommate kevin unite and it backfires