Cuando “demasiado” servicio se vuelve problema: La increíble historia del huésped que no quería ver a nadie
Si alguna vez has trabajado en la industria hotelera —o simplemente has sido testigo de las peripecias que se viven ahí— sabrás que hay huéspedes para todo. Están los que te agradecen hasta por abrirles la puerta y los que parecen venir con la misión de complicarte el día. Pero, ¿qué pasa cuando el hotel es tan bueno en su servicio que eso mismo se vuelve un problema? Prepárate para conocer la historia de Joe, un botones fuera de serie, y el huésped que solo quería ser invisible.
La bienvenida de lujo… que no todos aprecian
Imaginen esto: acabas de conseguir trabajo en un hotel de cuatro diamantes, de esos donde hasta los baños tienen más amenidades que tu casa y el personal se desvive por que te sientas como rey. Entre ese personal está Joe, el típico botones que parece tener resortes en los pies. Apenas ve a un huésped acercarse, ya está corriendo para abrir puertas, cargar maletas o simplemente saludar con una gran sonrisa.
Pero no todos los huéspedes llegan con ganas de recibir tanto apapacho. Apenas comienza su turno, nuestro protagonista —el recepcionista— es interceptado por un hombre que, sin siquiera saludar, le suelta: “Por favor, mantén a tu botones alejado de mí”. El recepcionista, medio confundido pero profesional, asiente y le promete que Joe no volverá a molestarlo.
Como en muchos hoteles latinoamericanos de lujo, el servicio personalizado es casi religión. Pero incluso aquí, hay quienes prefieren hacer todo por sí mismos. Como comentó una persona en la comunidad, “hay gente que parece enojarse si les dices ‘señor’, como si el trato amable fuera un insulto. ¡Al final no hay cómo darles gusto!”.
Cuando la amabilidad choca con la independencia
Pasan los días y Joe, siempre dispuesto, ayuda en otras áreas cuando el lobby está tranquilo: limpia el gimnasio, repone toallas, hasta le da una manita a las camaristas. Pero el huésped del “no me ayuden” vuelve a aparecer. Esta vez, sale del gimnasio furioso porque —según él— Joe estaba “demasiado cerca” limpiando una máquina, aunque el lugar estaba vacío.
El recepcionista trata de explicarle que Joe solo está haciendo su trabajo y que, si prefiere privacidad, puede pedirla. Pero el huésped insiste en que no quiere ver al botones ni en pintura. Al final, se le pide a Joe que evite el gimnasio mientras el hombre esté ahí... aunque la petición es, como decimos en México, de lo más jalada de los pelos.
En los comentarios de la historia, varios señalaron lo absurdo de la situación: “Si no quieres servicio, ¿para qué vienes a un hotel de lujo? Mejor quédate en un hostal, ahí sí te dejan hacer todo tú solo”, bromeó un usuario. Otro recordó que siempre habrá clientes imposibles: “Son los mismos que se quejan cuando nadie los ayuda, pero explotan si te acercas”.
El arte de no poder quedar bien con todos
Una reflexión interesante que surgió en la discusión es la de los “huéspedes invisibles”. Esos que quieren que el personal sea como genios mágicos: que no estén presentes hasta el instante exacto en el que los necesitan. Como bien dijo otro comentarista: “Algunos piensan que el staff debe desaparecer y aparecer solo si lo llaman, como por arte de magia”.
Y es que, en la cultura latina, la hospitalidad es sagrada. Saludar con un “buenos días”, ofrecer ayuda, sonreír… son parte del día a día tanto en hoteles como en tiendas o restaurantes. Por eso sorprende tanto encontrarse con alguien que, lejos de agradecer, ve la amabilidad como una ofensa personal.
La historia de Joe también nos recuerda esos personajes de la hotelería que, aunque ya tienen edad para jubilarse, siguen corriendo para ayudar a todos. Como relató otro usuario: “Tuve un compañero de 70 años que no aceptaba un ‘no gracias’. Era el primero en lanzarse a cargar maletas y siempre tenía una sonrisa. Algunos huéspedes lo amaban, otros lo odiaban, pero nadie podía negar su entrega”.
Reflexión final: ¿Servicio o invisibilidad?
La moraleja de esta anécdota es simple pero poderosa: si no quieres que te atiendan, ¿para qué ir a un lugar donde el servicio es la estrella? En Latinoamérica valoramos la atención al cliente, y los hoteles de lujo viven para consentir. Así que, si eres de los que prefiere no ser molestado, mejor busca un hospedaje más sencillo, donde nadie se preocupe si necesitas toallas o ayuda con tu maleta.
Y para quienes trabajan en atención al cliente, ¡ánimo! Siempre habrá alguien que se queje, pero la mayoría aprecia el esfuerzo y la buena disposición. Como dijo otro usuario: “Hay una satisfacción especial en ser cordial con quien no lo aprecia. Al menos te quedas con la tranquilidad de haber hecho bien tu trabajo”.
¿Tú qué opinas? ¿Te ha tocado algún cliente imposible o alguna vez sentiste que el servicio fue “demasiado bueno”? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este artículo con quien necesita reírse un rato del mundo hotelero.
Publicación Original en Reddit: Keep your bellman away from me.