Cuando cumplir con el trabajo significa hacer menos: Una lección de “cumplimiento malicioso” en el almacén
¿Te ha pasado que en el trabajo te exigen más, pero parece que no tienen idea de lo que realmente haces? Bueno, prepárate para una historia digna de sobremesa: la clásica “cumplimiento malicioso”, o como decimos por acá, “cumplir, pero de la manera más literal y pícara posible”. Aquí veremos cómo un empleado logró salirse con la suya y, de paso, dar una lección a los jefes que sólo ven números en una hoja de Excel.
Porque en el mundo laboral latinoamericano, todos conocemos a ese jefe que mide el esfuerzo con la cantidad de cajas movidas o papeles firmados, pero nunca entiende el verdadero esfuerzo detrás de cada tarea. Y cuando uno se cansa de explicarlo, pues… a veces hay que dejar que los números les exploten en la cara.
El arte de cumplir… pero solo con lo que conviene
Esta historia, que se viralizó en Reddit, podría haber ocurrido en cualquier supermercado, tienda departamental o incluso en tu bodega local. El protagonista, que trabajaba en el área de hogar de una tienda, fue señalado por su jefe por “no mover suficientes tarimas” (sí, esas plataformas llenas de mercancía que parecen multiplicarse como gremlins). ¿La solución que encontró? Empezar a mover únicamente las tarimas más grandes y fáciles: microondas, cajas gigantes de almohadas, bultos de cobijas… Todo lo que se despachaba en segundos.
La trampa estaba en que nadie quería lidiar con las tarimas llenas de cosas pequeñas: jabones, cosméticos, platos, cubiertos. Esas tardan una eternidad porque hay que acomodar cien cositas en su sitio. En palabras de un usuario que comentó la historia: “Mover 15 tarimas de cosas grandes es pan comido; pero que te toque la de los platos y vasos, te amargas el día”. ¡Y vaya que tenía razón!
Cuando los números engañan (y los jefes también)
¿El resultado? En pocos días, las cosas pequeñas se empezaron a amontonar como cuando llega Navidad y nadie quiere acomodar los adornos. Los compañeros terminaron atascados haciendo el trabajo más pesado justo en las horas de más movimiento, y el flujo de trabajo se fue al diablo. Pero como el jefe solo veía el número de tarimas movidas, nuestro protagonista recibió ¡felicitaciones! “Bien hecho, has mejorado mucho”, le dijeron. Y él, con toda la humildad del mundo, confesó: “En realidad, trabajé menos duro, solo que cambié de estrategia”.
Aquí es donde muchos nos sentimos identificados: en Latinoamérica, no falta el jefe que cree que productividad es ver a la gente corriendo de un lado a otro, aunque lo que hagan no sirva para nada. Como señaló un comentarista: “Parece que lo importante es que nadie se quede quieto, aunque el trabajo salga peor”. ¿A quién no le ha tocado ese jefe que, si te ve cinco minutos sentado, ya piensa que estás de flojo?
Y claro, otros usuarios aportaron su granito de sal y picardía. Uno recordó: “Una vez me regañaron por ayudar en otra área porque ya había terminado mi trabajo. Así que me la pasé el resto del turno jugando en el celular y, cuando venía la jefa, me paraba con cara de ‘estoy muy ocupado’”. ¡Más real que el pan dulce en la merienda!
El problema de los jefes de escritorio
Pero la historia no termina ahí. Muchos coincidieron en que el problema viene de gerentes que nunca han pisado el piso de ventas ni saben lo que es cargar una caja. En vez de confiar en la experiencia de la gente, prefieren confiar en métricas inútiles. Como decía un comentario que se viralizó: “Antes, los jefes empezaban desde abajo y sabían lo que costaba cada tarea. Ahora, parece que solo importa cuántas letras tienes después de tu nombre o a quién conoces”.
Y ojo, esto no es solo cosa de tiendas. Otro compartió cómo en un call center, el jefe medía a todos por la cantidad de tickets resueltos, sin importar si eran problemas complejos o simples. ¿Solución? Todos empezaron a resolver solo los tickets fáciles y dejaron los difíciles para después. Resultado: los números subieron, pero los problemas reales se quedaron sin resolver.
Incluso salió a relucir la famosa Ley de Goodhart, adaptada a nuestro idioma: “Cuando una métrica se convierte en objetivo, deja de ser una buena métrica”. Es decir, si solo te fijas en la cantidad, la calidad se va al caño.
¿Moraleja? Ojo con lo que pides… y a quién se lo pides
Al final, el protagonista se sintió satisfecho: no solo cumplió con lo que le pedían, sino que dejó en evidencia lo absurdo del sistema. No fue totalmente malicioso, porque tampoco quería meter en problemas a los demás, pero sí dejó claro que a veces cumplir las órdenes al pie de la letra es la mejor manera de mostrarle a un jefe lo equivocado que está.
Así que, la próxima vez que tu jefe venga con sus hojas de cálculo y te diga que “hay que mover más tarimas”, recuerda esta historia. Quizá la mejor forma de enseñarles sea hacer exactamente lo que piden… y dejar que aprendan la lección por sí mismos, aunque sea con un buen “cumplimiento malicioso” al más puro estilo latino.
¿Te ha tocado vivir algo parecido? Cuéntanos tu anécdota en los comentarios, y no olvides compartir este post con ese compañero que siempre tiene una historia para el café de la mañana. ¡Nos leemos en la próxima ronda de historias laborales!
Publicación Original en Reddit: Not working enough pallets, so I worked more pallets (retail)