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Cuando cumplir órdenes absurdas es la única forma de que tu jefe entienda

Ilustración estilo anime de un gerente de retail frustrado pensando en una mala idea de negocio que afecta a los clientes.
En esta vibrante ilustración anime, vemos a un gerente de retail enfrentándose a la realidad de que una idea equivocada podría alejar a los clientes de la tienda. Esta escena captura la esencia de navegar en dinámicas laborales desafiantes y la importancia de tomar decisiones efectivas en el comercio.

Si alguna vez trabajaste en una tienda, seguro conoces ese momento en que la gerencia manda una orden tan desconectada de la realidad, que hasta te preguntas si viven en el mismo planeta. Pero, ¿qué pasa cuando, para que te crean, tienes que cumplir la orden al pie de la letra y mostrar el desastre que resulta? Hoy te traigo una historia de “cumplimiento malicioso” tan graciosa como absurda, que nos muestra el eterno choque entre los que trabajan en la primera línea y los genios de la oficina central… ¡Prepárate para reír (y sufrir) con esta anécdota!

La orden imposible: 20 mesas para un local diminuto

Imagina ser gerente de una tienda de discos con reconocimiento, donde tu local funciona como relojito suizo y hasta te mandan a rescatar sucursales en problemas. Así era el protagonista de nuestra historia, quien durante años fue el orgullo de su empresa. Pero un día de octubre de 2001, recibe un encargo insólito: instalar VEINTE mesas plegables (de esas para empapelar paredes, ni siquiera bonitas) cubiertas con plástico rojo brillante, en un local que apenas medía 20 metros cuadrados y ya era un laberinto para clientes con carriolas o sillas de ruedas.

Como buen gerente latinoamericano, pensó “esto seguro es un error”. Pero no, la orden venía clarita, con su nombre y todo. Llama al jefe regional, Greg, para intentar explicarle la locura con números: “Me mandaron 22 metros cuadrados de mesas y mi tienda tiene 20. ¡No caben ni los clientes!” Pero Greg, como muchos jefes que sólo ven Excel y PowerPoint, no logra visualizar el desastre. “Ya está calculado, sólo hazlo”, le ordena, asegurando que pasará a revisar la “compliance” personalmente.

Aquí, más de un lector latino seguro se acordó de esas ocasiones en que los de arriba insisten en que “todo es posible si uno le echa ganas”, aunque la física y las matemáticas digan otra cosa. Como comentó un usuario en Reddit: “Algunos no pueden visualizar, pero ¿cómo no pueden entender dos números? 240 es más que 220. Eso es todo lo que tenían que entender”.

¡A arrastrarse por el piso para cumplir la orden!

El gerente, furioso pero decidido a demostrar el absurdo, se queda hasta tarde arrastrando mesas por las escaleras (¡vaya que en Latinoamérica esto sería pedirle peras al olmo!), grapando el plástico rojo y llenando el local hasta que apenas queda espacio para gatear. Literalmente tuvo que salir de la tienda arrastrándose bajo las mesas, como soldado en entrenamiento, para poder cerrar la cortina.

Al día siguiente, Greg llega temprano y se queda boquiabierto mirando el mar de plástico rojo a través de la cortina. “¿Qué hiciste?”, pregunta, sin entender todavía. “Lo que me pediste. ¿Qué propones que hagan los clientes, se suben a las mesas o también se arrastran?” Aquí ya la situación era tan ridícula que hasta el propio gerente, resignado a renunciar pronto, le propone apilar las dos mesas que faltaban encima, “para que sea todavía más absurdo”.

Al final, ambos terminan desarmando todo a las carreras, cortando el plástico con cutter y llaves del auto, abriendo tarde la tienda y con Greg usando el teléfono para reportar a la oficina central que la idea era una estupidez monumental.

Los jefes y su mundo aparte: ¿vivimos en realidades paralelas?

Esta historia hizo eco entre muchos trabajadores que han sufrido órdenes absurdas. Un usuario contó que en convenciones le pedían poner más mesas de las que cabían en el salón, y cuando señalaba que era imposible, el jefe sólo decía “pero el software me deja hacerlo”. Otro relató cómo en ciertas empresas, los altos mandos visitan las tiendas sólo cuando todo está arreglado para la foto, y jamás ven la realidad cotidiana.

En Latinoamérica, no faltan los jefes que piensan que “todo es cuestión de actitud”, como si la física fuera opcional. Como bien reflexionó el protagonista, “si van a pedir la opinión de los que estamos al frente, ¡deberían escucharla!”.

Pero también surgió un debate interesante: algunas personas simplemente NO pueden visualizar escenarios mentalmente, lo que explica parte del problema. Pero como apuntó otro usuario, “yo tampoco puedo visualizar, pero sí puedo sumar y restar”. Al final, parece que el sentido común es el menos común de los sentidos, aquí y en cualquier parte del mundo.

El arte de cumplir para evidenciar lo absurdo

Esta historia nos enseña que, a veces, la única manera de que los de arriba entiendan el tamaño de su error es cumpliendo al pie de la letra… y dejando que el desastre hable por sí solo. ¿Quién no ha tenido que hacer algo así en su trabajo? ¿Cuántas veces la oficina central manda ideas que sólo funcionan en el papel y ni tantito en la realidad?

En palabras de un comentarista, “me imagino al gerente arrastrándose bajo ese mar de mesas y plástico, ¡y no puedo parar de reír!” Y es que, aunque la situación fue desesperante para el protagonista, para quienes hemos sobrevivido a la “realidad empresarial” latinoamericana, no queda más que reírnos —y compartir la anécdota con todos.

¿Te ha pasado algo así en tu trabajo? ¿Qué harías tú ante una orden imposible? ¡Cuéntanos en los comentarios y comparte tu mejor historia de “cumplimiento malicioso”!


Publicación Original en Reddit: Had to comply before my boss would see that an idea was so stupid it would prevent customers even entering the store.