Cuando contestar solo lo que te preguntan enseña modales en la oficina
¿Alguna vez has tenido ese cliente que parece que le hacen falta un par de clases de comunicación? Ya sabes, el típico que escribe correos tan secos y directos que hasta el teclado se siente ofendido, y que luego se enoja si no le lees la mente. Pues hoy te traigo una historia que demuestra que a veces, siguiendo las reglas al pie de la letra, puedes hacer que hasta el cliente más complicado aprenda a ser más considerado. ¡Acompáñame a descubrir cómo la “obediencia maliciosa” puede ser un arte digno de aplausos en la jungla laboral latinoamericana!
Solo responde lo que te preguntan: El arte de la obediencia maliciosa
Imagina que trabajas en una empresa de logística, de esas que mueven camiones llenos de productos para grandes tiendas. Todo marcha bien, pero hay un cliente que tiene más filo que cuchillo de taquero: sus mensajes son cortantes, vagos y, para colmo, se molesta si le das información “de más” o no usas exactamente las palabras que quiere. Ni un “buenos días”, ni un “por favor”, ni nada. ¿Te suena familiar?
Cansados de las quejas, el jefe reúne al equipo y suelta la bomba: “De ahora en adelante, respondan exactamente lo que pregunten, ni una palabra extra, ni menos, ni más. Nada de comentarios amistosos ni explicaciones. Solo lo que venga en su mensaje.” Uno de los empleados, prevenido, pregunta: “¿Y si sé que después van a pedir lo demás?” El jefe, con toda la calma de quien ya vio esta película mil veces, responde: “Déjalos que lo pidan”.
El efecto dominó: ¿Quieres saber? ¡Pregunta!
Al día siguiente, el cliente estrella manda su clásico correo, más frío que abrazo de suegra:
¿Dónde está el camión 4810?
La respuesta, digna de meme:
En carretera.
No pasa ni un minuto cuando cae otro email:
¿Hora estimada de llegada?
3:42 p.m.
¿Nombre del chofer?
Se responde.
¿Tiene los pallets correctos?
Sí.
¿Andén 3 o 6?
Andén 3.
¿Avisaste al receptor?
Sí.
Y así, como si jugaran ping pong por correo, se lanzan diez mensajes de ida y vuelta, cada uno con una sola pregunta y una respuesta igual de seca. Al final, el cliente, ya exasperado, copia al jefe en el correo y pregunta: “¿Por qué sus empleados son tan poco serviciales? Necesitamos comunicación proactiva”.
Aquí es donde la historia se pone buena: el jefe responde con esa elegancia que solo tienen los que ya han lidiado con todo tipo de personajes: “Hemos instruido a nuestro equipo para responder exactamente lo que se solicita, tal como ustedes pidieron previamente”.
Cuando el cliente aprende la lección (y todos respiramos en paz)
Después de este mini drama digno de telenovela de oficina, algo mágico sucede: los correos del cliente empiezan a ser más educados, claros y detallados. ¡Hasta saludan! El buzón del equipo se tranquiliza, y todos pueden respirar mejor. Como comentó un usuario en Reddit, “Es refrescante ver una historia donde el jefe respalda a su equipo y resuelve el problema de raíz, en vez de solo crear más líos”.
Varias personas celebraron la estrategia del jefe, diciendo que seguramente lo hizo para proteger a su equipo y ponerle fin al ciclo de críticas injustas. Uno hasta bromeó diciendo que ojalá todos los gerentes tuvieran ese temple, porque muchos solo se lavan las manos y dejan a su gente lidiar con los clientes tóxicos. ¡Como diríamos por acá, no todos los jefes se ponen la camiseta!
Y es que, en Latinoamérica, donde muchas veces el “aguantar vara” es casi requisito de trabajo, ver a un jefe defendiendo a su equipo es casi como ver llover en el desierto. Por eso esta historia se hizo viral: porque todos hemos tenido al menos un cliente que cree que te puede tratar como robot y que tus correos deben ser telegráficos, pero cuando le das una cucharada de su propio chocolate, aprende rapidito.
¿Emails cortos o largos? El eterno dilema de la oficina
La historia también abrió debate sobre la eterna pelea de los correos: ¿mejor uno largo y bien explicado, o mil correos con una sola pregunta? Varios usuarios compartieron que también les ha tocado gente que responde solo una de cinco preguntas, o que manda mensajes tipo WhatsApp: “¿Sup?” y nada más, como si uno debiera adivinar el resto. Otros dijeron que prefieren enumerar las preguntas para que no haya pretextos, aunque siempre hay quien solo contesta la número uno.
En definitiva, muchos coincidieron en que la clave está en la buena comunicación. Como dijo un usuario, “Hay que adaptarse, pero no por eso dejarse pisotear. Si te piden que solo respondas lo que preguntan, pues eso se hace. A veces la gente aprende solo con lecciones prácticas”.
Conclusión: Aprende a poner límites (y a usar bien el correo)
Esta historia nos deja varias lecciones, pero la principal es que no tienes que aguantar siempre a los clientes difíciles. A veces, seguir las reglas de manera literal puede ser la mejor medicina para enseñar respeto y mejorar la comunicación. Y, lo más importante, nunca subestimes el poder de un buen jefe que ponga el pecho por su equipo.
Así que la próxima vez que recibas un correo seco y poco claro, recuerda: responder exactamente lo que te preguntan puede ser la mejor forma de educar (y de paso, ahorrarte dolores de cabeza). ¿Te ha pasado algo similar en tu trabajo? Cuéntanos tu experiencia aquí abajo, porque seguro más de uno se sentirá identificado.
¿Y tú, de qué lado estás? ¿Prefieres correos largos y detallados, o eres del team “al grano”? ¡Déjanos tu opinión y comparte esta historia con tus compañeros de oficina!
Publicación Original en Reddit: You said only reply with exactly what they ask? Got it.