Cuando atender la recepción se vuelve una película surrealista: historias de un hotel latinoamericano
Un día normal en recepción puede volverse una locura en menos de lo que canta un gallo. Llegas temprano, todo en orden, saludas al turno de la noche y hasta te animas a pensar: “Hoy será tranquilo, ¡seguro que sí!”. Pero en el mundo de la hospitalidad, la calma dura menos que el buen humor de alguien sin café.
Hoy te traigo una historia tan surrealista que parece sacada de esas telenovelas donde todo puede pasar. Prepara tu cafecito, porque lo que sucede en recepción… ¡no se queda en recepción!
La señora de la música (y el moco volador)
La mañana arrancaba bien: mi turno empezó a las 6, el desayuno a las 6:30. Todo en orden, hasta que a eso de las 7:30, una señora se me acerca como si la hubieran mandado de la ONU a resolver un conflicto internacional. “Mijo, les quiero dar un consejo”, me dice, “deberían poner música pensando en la edad de los clientes”. Yo, con cara de póker, porque ni siquiera escucho la música de fondo, apenas atino a decirle: “Disculpe, pero eso no lo manejo yo”.
Pero la doña no se da por vencida, insiste y sigue dándome cátedra sobre los gustos musicales de los huéspedes. De repente, sucede lo impensable: le cae un moco directo de la nariz. Yo haciendo malabares para no poner cara de asco, pero, la neta, mi mayor preocupación era que ese “regalito” no terminara sobre el mostrador. La señora, más roja que un jitomate, murmura algo como “solo era un comentario” y se regresa a su mesa mientras yo suspiro profundo y hago mi mejor esfuerzo por borrar esa imagen de mi memoria.
Como bien comentó un usuario en el foro, si la música del desayuno es tan insoportable, “¡pues mejor sáltate el desayuno!” Y no faltó el gracioso que sugirió poner cantos gregorianos para complacer a todos. Uno más opinó: “Seguramente la señora quería música de los ochentas, no de ahora”. ¡En fin, nunca le das gusto a todos!
El cliente que viaja por el multiverso hotelero
Ya cuando pensaba que lo peor del turno era sobrevivir a la señora del consejo nasal, aparece otra clienta a las 10:15. Con ese aire de que viene una petición digna de novela, se acerca y me dice que necesita una habitación porque tiene un procedimiento médico, quiere una tarifa especial y ya habló “con el encargado”. Todo bien, hasta ahí normal. Pero cuando le pregunto en qué fecha la necesita, me suelta: “Es que ahora vuelo a un lugar bien lejano y después de aterrizar quiero hacer mi check-in”.
Aquí ya empiezo a sospechar: “¿Necesita la habitación aquí?”, le pregunto. Y me sale con que no, que en realidad quiere reservar en otro hotel que está a kilómetros de distancia, pero que tiene el mismo nombre que el nuestro. Pretende que yo, desde mi recepción, le resuelva la reserva en otro país. Mientras ella se queda sentada en el lobby, intentando reservar por teléfono, esperando su taxi y a punto de perder el vuelo, yo me pregunto si la del problema soy yo o si vivimos en universos paralelos.
Entre los comentarios en el foro, varios se solidarizaron con la confusión. Uno dijo: “Eso pasa porque los hoteles con el mismo nombre deberían estar más claros”. Otro sugirió que la próxima vez le pida a la señora que también le reserve un vuelo a la luna. ¡No falta el humor latino para sobrellevar estos enredos!
¿Qué música poner en el desayuno? El eterno dilema del recepcionista
Si algo une a las culturas latinas es la pasión por la música... y lo difícil que es poner de acuerdo a todos. En los comentarios, una persona confesó que su problema en los desayunos de hotel no es la música, sino que siempre ponen noticieros polémicos en la tele. Otro contó que, cuando puede, cambia el canal por el del clima, y si encuentra el control, ¡hasta pone caricaturas para relajar el ambiente!
La clave, según algunos, es evitar discusiones poniendo música neutra, tipo radio familiar, aunque a veces eso termina siendo peor que el silencio incómodo. Como diría cualquier abuelita latina: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Al final, el recepcionista es el que recibe las quejas, aunque no tenga vela en el entierro.
Conclusión: Trabajar en recepción es como una caja de sorpresas
Lo que parece un día cualquiera puede convertirse en una película de Almodóvar: clientes que piden imposibles, consejos no solicitados y hasta mocos voladores. Si trabajas en atención al público en Latinoamérica, seguro tienes historias iguales o peores. Y si eres huésped, recuerda: el recepcionista no es mago... aunque a veces parece que debería serlo.
¿Y tú, has vivido alguna anécdota así en tu trabajo? ¿Te ha tocado lidiar con consejos extraños o situaciones surrealistas? ¡Cuéntame en los comentarios! Porque en el mundo de la hospitalidad, lo único seguro es que nunca te aburres.
Publicación Original en Reddit: Today feels like a fever dream