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Cuando aplastan tu chocolate en la oficina y te desquitas con sabor latino

Máquina expendedora llena de bocadillos, mostrando el uso de tarjeta corporativa y la cultura alimentaria en el trabajo.
Una representación fotorrealista de una máquina expendedora repleta de deliciosos bocadillos, destacando la singular cultura empresarial donde los empleados disfrutan de un subsidio diario para antojos. Esta imagen captura la esencia de compartir y la camaradería en el trabajo, reflejando la idea de reciprocidad con recompensas deliciosas.

¿Te imaginas que todos los días, en la oficina, tu compañero destroce tu antojo favorito solo por diversión? ¡Eso sí que es tener estómago! Hoy te traigo una historia que parece sacada de la vida de Godínez, pero con un toque muy internacional y chispa latina. Prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, recordar la importancia de poner límites… ¡incluso cuando se trata de chocolate!

El antojo, la envidia y el “gandalla” de la oficina

Todo empezó en una empresa donde, como en muchos trabajos modernos, el cafecito y los snacks no pueden faltar. Tenían máquinas expendedoras que funcionaban con una tarjeta de la empresa, recargada diariamente. O sea, ¡prácticamente comida gratis! Pero como buen mexicano diría, “gratis hasta las puñaladas”, porque si te pasabas de glotón, te descontaban el extra de tu sueldo.

Entre los tesoros de la máquina estaba el Kinder Bueno, ese chocolate europeo que hace que hasta el más fuerte se derrita. Pero hay un pequeño detalle: ¡es tan frágil como las promesas de campaña! Justo por eso, el protagonista y su amigo “A” siempre estaban al pendiente de surtido nuevo para agarrar su dosis de felicidad en barra.

Entra en escena “R”, el típico compañero bromista, ese que en México llamaríamos “el chistosito” o “el burro del salón”. R empezó a aplastar los Kinder Buenos de sus amigos cada vez que los veía. Ya fuera en el escritorio, en la mano o hasta en el bolsillo trasero (“¡para que no se te suba el azúcar, compa!”). Claro que R pensaba que romper los chocolates no era grave porque, total, eran casi gratis. Pero para los amantes del chocolate, eso es casi una declaración de guerra.

Venganza a la mexicana: cuando los Quavers salvan el día

Después de varios intentos de pedirle que parara, nuestros protagonistas decidieron que era momento de aplicar la ley del “ojo por ojo… y migaja por migaja”. Un día, las máquinas trajeron bolsas gigantes de Quavers, unas papitas británicas parecidas a las Sabritas, pero con más aire que sabor. R volvió a aplastar los Buenos y se fue tan campante a comer. Fue entonces cuando “A” ideó LA venganza: abrieron las bolsas de Quavers, las hicieron polvo y vaciaron todo en los bolsillos de la chamarra de R.

Imagínate la escena: al final del día, R se pone su chamarra, mete las manos a los bolsillos y… ¡sorpresa! Sale cubierto de polvo de papitas. Dicen que primero se rió, luego se sacó de onda y, finalmente, entendió el mensaje: “¡Deja en paz nuestros pinches Buenos!”. Silencio incómodo, risas y, como buenos cuates, la tregua quedó sellada. Desde entonces, los Kinder Buenos vivieron dos años de paz en esa oficina.

¿Bromas de amigos o acoso laboral? El debate que encendió Reddit

La historia, que originalmente fue contada en Reddit, desató una tormenta de comentarios. Algunos usuarios latinos se reían y decían que, en su oficina, alguien así ya habría recibido un “chanclazo” o, como comentó uno: “Eso en mi trabajo y sale con la mano hinchada, no con polvo de papitas”. Otros, más serios, señalaban que en Latinoamérica también se está tomando cada vez más en serio el respeto y los límites en el trabajo, y que lo de aplastar el chocolate o el clásico “nalgadita” puede ser divertido entre amigos, pero no con cualquiera.

Un comentario que sobresalió decía: “¡Ni mi peor enemigo toca mi chocolate! ¡Eso sí es motivo de guerra!”. Y es que, para muchos, el antojo es sagrado. Sin embargo, también hubo quien opinó que el bromista se pasó de la raya y que, aunque parezca broma, hay que dejar claro hasta dónde llega la confianza. En palabras de otro usuario: “Las bromas están bien, pero si ya te dijeron que pares y no lo haces, ya no es broma, es falta de respeto”.

Por supuesto, algunos usuarios gringos se escandalizaron con lo de la nalgada, diciendo que eso en su país es motivo directo de ir a Recursos Humanos. Aquí en Latinoamérica, aunque hay más tolerancia al cotorreo, tampoco falta quien dice: “Una cosa es ser amigos, otra es pasarse de lanza”.

Humor, límites y convivencia: lo que nos deja esta historia

Más allá de la anécdota y la carcajada, esta historia refleja algo muy nuestro: el humor como forma de sobrevivir al estrés en la oficina. Pero también enseña la importancia de poner límites claros, incluso entre amigos. Porque, como diría la abuelita, “la confianza da asco… pero el chocolate no se toca”.

El mismo autor aclaró después que todos eran amigos y que las bromas eran parte de su convivencia. Eso sí, dejó claro que después de la “venganza polvosa”, R jamás volvió a aplastar un Kinder Bueno. Prueba de que en la oficina, como en la vida, a veces una buena dosis de creatividad y sentido del humor logran más que cualquier reporte a Recursos Humanos.

¿Y tú? ¿En tu trabajo también hay bromas así? ¿Qué harías si te aplastan tu antojo favorito? ¡Cuéntanos tu historia! Recuerda: en la oficina, como en la vida, el respeto y el buen humor siempre deben ir de la mano… y lejos de tu chocolate.


Publicación Original en Reddit: Keep crushing my food, I'll return the favour with interest