Cuando a los vecinos ruidosos les tocó escuchar mi bocina: venganza con ritmo latino
¿Te imaginas vivir en una comunidad donde hasta el viento camina de puntitas? Así era mi vida: saludos con la cabeza, poca convivencia y mucha paz. Pero todo cambió una noche cuando unos nuevos vecinos decidieron que mudarse a las 2 de la mañana era la mejor idea del mundo. Y claro, lo hicieron al estilo tambora sinaloense: portazos, golpes y ruido como si fueran a instalar una feria. ¿Tú qué harías si tu sueño se va por la ventana a esas horas? Yo respiré hondo… pero la paciencia tiene límites.
El silencio dorado… hasta que llegaron ellos
Para quienes vivimos en edificios, sabemos que la tranquilidad entre vecinos es casi sagrada. Aquí nadie se mete con nadie y, aunque no somos los típicos que hacen la carne asada de fin de semana juntos, sí nos respetamos. Pero esa noche, mientras intentaba dormir, los nuevos inquilinos llegaron haciendo escándalo. La esposa, con una sonrisa de “perdón, pero ni modo”, se disculpó mientras el marido seguía tronando puertas como si estuviera en plena mudanza de película.
Al día siguiente, el pasillo parecía juego de pistas: ganchos de ropa rotos desde las escaleras hasta su puerta, como si Hansel y Gretel hubieran dejado migajas, pero versión lavandería. Otra vez respiré hondo y seguí mi camino.
Los días siguientes tampoco mejoraron. El encargado de la limpieza, pobre, sacaba cáscaras de frutas del bote equivocado mientras yo pensaba: “Esto seguro viene del nuevo departamento”. Como buen latino, preferí no armar pancho sin pruebas, pero las sospechas ya estaban sembradas.
Cuando el martillo retumba, responde la bocina
Un día, el colmo: golpes en la pared compartida. Al principio, solo eran golpecitos, pero después parecía que estaban construyendo un cuarto secreto o metiendo una cabina telefónica británica. De haber avisado, ni me hubiera molestado, pero ¿a quién le gusta que le retumben las paredes sin previo aviso?
Siempre he sido considerado, hasta mido el volumen de mi música para no molestar: nunca paso de los 80 decibeles. Pero, ¿por qué yo debo ser el único educado? Así que, inspirado por la sabiduría popular de “al que no oye consejo, no llega a viejo”, saqué mi bocina y la puse al 70%. Pero… ¿por qué no aprovechar? Subí la música al 90% y dejé que los decibeles hicieran justicia rítmica. No vi la cara de mis vecinos, pero seguro entendieron el mensaje: si ellos traen escándalo, yo traigo fiesta.
La venganza musical: de Baby Shark a Rammstein
En internet, la comunidad se volvió loca con la historia. Varios comentaron sus propias batallas sonoras. Uno contó que, tras soportar canciones infantiles a todo volumen, respondió con Rammstein y Tool. Otro, que arruinó una cita romántica del vecino con “21st Century Schizoid Man” a todo pulmón. Hubo quien sugirió poner “Baby Shark” en bucle sin piedad, y hasta quien recomendó “Pink Fluffy Unicorns Dancing on Rainbows” ¡por diez horas seguidas! ¿Te imaginas ese castigo auditivo?
Pero no solo de humor vive la venganza. Un usuario relató que, tras años de aguantar borrachos ruidosos en Navidad, puso Van Halen y Def Leppard a tope, con tapones en los oídos, y les advirtió que la “fiesta” seguiría si no cambiaban. Desde entonces, paz total.
Otro compartió una táctica muy mexicana: “Mi vecino no bajaba la música, así que desconecté el fusible desde mi sótano. Problema resuelto.” Y claro, no faltó el que sugirió usar gaitas, porque “ni en el infierno de Hieronymus Bosch falta el gaitero”.
También hubo quien pidió empatía: “Pobre vecino del otro lado, ahora tuvo que aguantar tu venganza”. Y sí, es verdad: la convivencia en departamentos es de ida y vuelta. Pero como bien remató otro: “A veces hay que combatir el ruido con ruido, para que entiendan”.
Reflexión final: ¿Venganza o justicia vecinal?
Vivir en comunidad en Latinoamérica significa aprender a convivir con los ruidos: el niño llorón, la vecina que barre a las 5 am, el perrito que ladra porque pasa una moto. Pero hay límites. Cuando alguien llega a romper la armonía, no queda más que poner las cartas (o las bocinas) sobre la mesa.
Eso sí, lo ideal siempre será el diálogo. Pero como muchos comentaron, a veces hablar solo te convierte en blanco de más problemas. Y como dice el dicho: “Cuando la diplomacia falla, la música habla”. Quizá la próxima vez, mis vecinos avisen antes de hacer escándalo… o al menos, espero que aprecien mi playlist.
¿Tú qué harías? ¿Has tenido que sacar la bocina para poner orden? Cuéntanos tu historia de venganza vecinal en los comentarios. ¡En esta vecindad, nadie se queda callado!
Publicación Original en Reddit: Inconsiderate neighbors met my loudspeaker