¿Cuántas toallas son demasiadas? La historia del huésped que puso a prueba la paciencia del hotel
¿Alguna vez te has hospedado en un hotel y te has preguntado si pedir otra toalla más sería “demasiado”? Pues prepárate porque hoy te traigo una historia que parece sacada de una telenovela: un huésped llegó solo, pidió 10 juegos de toallas y revolucionó tanto la recepción como los foros de internet. ¿Locura, obsesión por la limpieza o el inicio de una leyenda urbana? Aquí te lo cuento todo, con reacciones tan sabrosas como un café de olla en domingo.
El huésped de las mil toallas: ¿Paranoia, moda o travesura?
Todo comenzó una tarde cualquiera en la recepción de un hotel, cuando el encargado —cansado pero optimista tras un fin de semana movido— revisó las notas del turno anterior. Ahí saltaba la alarma: un huésped, que venía solo y por una sola noche, ya había pedido 5 juegos extra de toallas y sábanas, además de los 2 juegos estándar que trae la habitación. Y para rematar, más entrada la noche, el mismo personaje apareció con un carrito lleno de pertenencias, pidiendo 3 juegos más de toallas, almohadas y fundas. Sí, ¡ya sumaban 10 juegos de toallas para una sola noche!
La curiosidad mató al gato y al recepcionista también, quien no aguantó y soltó la pregunta del millón: “Disculpe, ¿por qué necesita tantas toallas?”. La respuesta fue un clásico instantáneo: “¡Eso no es asunto suyo! Ningún hotel me había preguntado eso antes”. Pero lo mejor vino después: “Es que mi esposa llega a medianoche y somos jerma-fóbicos. No nos gusta que nuestra piel toque superficies donde han estado otros.” O sea, las toallas eran para cubrir sillas, pisos, todo lo que se pudiera… y evitar el “contagio” de la vida hotelera.
¿Y los demás qué dicen? Historias de recepción que superan la ficción
Aquí es donde el chisme se pone bueno. Decenas de trabajadores y viajeros de todo el mundo soltaron sus mejores anécdotas y opiniones sobre este caso tan peculiar. Por ejemplo, un recepcionista contó que cuando alguien pide más de 3 juegos de toallas, ya solo entregan el siguiente si les regresan los usados. Esto porque una vez, un tipo les robó más de cien toallas nuevas, tan suaves que hasta la abuela hubiera querido llevárselas. Otro agregó que en equipos deportivos o familias grandes es común pedir varias, pero para una o dos personas, ¡ni que fuera para construir una fortaleza de almohadas como cuando éramos niños!
Un comentario con mucho sabor latino fue: “Uno paga, pero no compra el cuarto. Solo eres invitado en nuestra casa. Si te portas raro, tenemos todo el derecho de preguntar.” Y no faltó quien pensó lo peor: “¿No será que piensan hacer una película para adultos o meter a toda la familia a dormir en el piso?” En Latinoamérica, todos conocemos a la tía que pone plástico en los sillones para que no se ensucien, pero de ahí a forrar el hotel entero con toallas ajenas… ¡eso sí es otro nivel!
Otros se pusieron más filosóficos: “Las toallas del hotel ya las han usado cientos antes, ¿no sería más lógico traer las propias si eres tan aprensivo?” Y como buen consejo de abuela: “Mejor trae tus sandalias, así no pisas el piso ni tienes que pedir sabanas para todo.”
¿Cuándo pedir toallas extra se vuelve un abuso?
En muchos hoteles de nuestra región, pedir una o dos toallas adicionales es lo normal, sobre todo después de un día de calorón, playa o una buena regadera. Pero cuando la cuenta sube a diez juegos, y ni siquiera hay niños embarrados de lodo o una inundación, la sospecha es inevitable. Más de un trabajador comentó que, ante solicitudes tan inusuales, hay que investigar si hay alguna fuga de agua, un accidente o, en casos peores, si están planeando llevarse el inventario como recuerdo.
Algunos hoteles ya tienen políticas claras: máximo tres juegos extra, y si quieres más, devuelves los anteriores. Otros, incluso, hacen un “cargo preventivo” en la tarjeta de crédito por si desaparecen las toallas. Y es que lavar diez juegos de toallas por huésped no solo es caro, también es un desgaste para el personal de limpieza, que en muchos casos ya anda corriendo para dejar todo listo antes de la próxima llegada.
Reflexión final y pregunta para ti, lector
¿Quién tiene la razón, el huésped paranoico de los gérmenes o el recepcionista que solo quería cuidar el inventario? La verdad, puede que ambos tengan un poco. Pero la gran enseñanza es que la convivencia en hoteles, como en la vida, requiere de sentido común y, sobre todo, empatía. No todo lo que se te ocurre pedir es razonable, ni todo lo que parece raro es necesariamente malo… aunque diez juegos de toallas sí suena a que alguien se pasó de listo (o de nervioso).
¿Tú qué harías si fueras el encargado? ¿Te ha tocado ver algo así? ¿Cuántas toallas son “razonables” para una noche? Cuéntanos tu anécdota, que seguro en Latinoamérica hay historias aún mejores que la de este huésped.
¡Nos leemos en los comentarios y que nunca te falte una toalla… pero tampoco te sobre tanto como para armar una tienda de campaña en el cuarto!
Publicación Original en Reddit: What is an 'unreasonable' amount of extra towels for a single guest?