Saltar a contenido

“¿Cuál es tu mejor tarifa?”: Una noche de hotel, regateos y lecciones de vida

Caballero vestido de traje negociando tarifas en un hotel casi lleno durante una concurrida noche de sábado.
En esta escena fotorrealista, un caballero bien vestido se acerca a la recepción, ansioso por conseguir la mejor tarifa para una de las últimas habitaciones disponibles en una bulliciosa noche de sábado. La atmósfera está cargada de anticipación mientras el personal del hotel maneja un casi lleno total.

El mundo de la hotelería está lleno de anécdotas que harían sonrojar hasta al más experimentado de los cuentacuentos de cantina. Hay quien piensa que negociar el precio de una habitación es tan sencillo como pedirle al de la esquina que le baje cinco pesitos al kilo de jitomate. Pero, ¿qué pasa cuando te enfrentas a la cruda realidad de la recepción de un hotel casi lleno un sábado por la noche? Pues prepárate, porque esta es una de esas historias que, si no te ha pasado, seguro conoces a alguien que sí.

Noche ocupada y habitaciones “fantasma”: el detrás de cámaras del hotel

Imagina un sábado por la noche, de esos en los que la ciudad hierve de eventos, bodas, fiestas y turistas de último minuto. El hotel está casi al tope, y las pocas habitaciones que quedan son esas “de reserva”, guardadas como as bajo la manga por si ocurre algún imprevisto (o como decimos por acá, por si las moscas). Esa noche, afortunadamente, todo va sobre ruedas y el encargado de la recepción decide liberar esas habitaciones para quien se anime a llegar tarde.

De pronto, entra un señor de traje, directamente desde el bar del hotel, con esa sonrisa de quien cree tener todo bajo control y el mundo en la palma de la mano. Muy cordial, pregunta: “¿Cuál es tu mejor tarifa para esta noche?”. El recepcionista, que acaba de checar el sistema, responde con firmeza: “Son $190 esta noche”. Y aquí es donde empieza la comedia.

El caballero, incrédulo, cambia la sonrisa por una cara de pocos amigos y repite el clásico: “No, no, ¿pero cuál es tu mejor tarifa?”. El recepcionista, que ya se la sabe de memoria, no se inmuta: “Son $190 esta noche”, esta vez con la ceja alzada, señal inequívoca de que aquí no se viene a regatear como en el tianguis.

El arte (fallido) de regatear en recepción: no es lo que crees

Muchos creen que negociar en la recepción funciona igual que en el mercado de La Merced: “Tantita rebaja, joven”, “Ya es tarde, seguro prefieres venderlo barato que dejarlo vacío”. Pero la realidad es otra. Como bien comenta la comunidad en Reddit, los tiempos en que el recepcionista podía hacer “ajustes” a la tarifa son cosa del pasado. Hoy en día, el sistema lo controla todo, y la tarifa que ves en pantalla es la que es, ni un peso menos.

Un usuario lo resumió con humor: “¡Deberías haberle subido a $195 cada vez que insistía! Y si seguía, decirle que el sistema tiene ‘tarifa dinámica’ y ahora son $200”. Y es que, en noches casi llenas, pedir descuento sólo logra una cosa: que el recepcionista te vea como el cliente número 1,000 en intentarlo ese día. Otro usuario fue más directo: “Esto no es el mercado, ni siquiera gano comisión. Si quieres descuento, encuéntralo tú solito en internet”.

Además, hay un mito urbano muy popular: “Si no le venden la habitación al último cliente, la pierden y mejor que la renten barato”. Pero como bien señalan otros, una habitación vacía no gasta luz, no usa toallas, no necesita limpieza... El precio está calculado para que el hotel gane lo máximo posible por cada huésped, no para llenar cuartos a cualquier costo. No es lo mismo que una panadería que tira el pan al final del día; aquí la lógica es oferta y demanda.

¿Y si insisto o me hago el ofendido?

Intentar presionar al recepcionista con frases como “Ya son las 10, eh” o “Pero si va a quedar vacía” solo provoca miradas de “qué flojera me das”. Uno de los comentarios más aplaudidos dice: “Si el cliente se va y regresa después porque no encontró nada más barato, seguro ya no hay habitaciones”. Es decir, el que mucho abarca, poco aprieta.

Incluso hay quienes intentan la vieja confiable: “¿Tienes tarifa para locales?” A lo que el recepcionista, con todo el sarcasmo del mundo, podría responder: “Claro, se llama ‘quédese en su casa’”. Y es que, en la mayoría de los hoteles, sólo hay descuentos para quien presenta tarjeta de membresía, como AAA o alguna promoción especial. Si no, el precio es el que dicta el sistema y punto.

Consejos de oro para viajeros de última hora

¿Qué hacer entonces si necesitas una habitación de último minuto? La lección de esta historia es clara: si quieres buen precio, búscalo en línea antes de llegar. A veces, siendo amable y educado, podrías conseguir que igualen una tarifa que encontraste en internet, pero no es garantía. Y si llegas al hotel sobre la hora, en fin de semana y casi lleno, no esperes milagros. Como resumió el encargado de la historia: “No pierdo nada si rento 30 o 300 habitaciones. No tengo motivos para darte un precio especial sólo porque me caes bien”.

Al final, todos tenemos una historia de regateo fallido, ya sea en el mercado, en el taxi o, en este caso, en la recepción de un hotel. Pero la próxima vez que quieras sacar tu lado regateador, recuerda: hay lugares y momentos para todo... y la recepción de un hotel casi lleno un sábado por la noche no es uno de ellos.

¿Tú qué opinas? ¿Alguna vez lograste ese “mejor precio” o te fuiste con las manos vacías? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios! Y recuerda: la próxima vez que preguntes por la “mejor tarifa”, hazlo con una sonrisa... y con la cartera lista.


Publicación Original en Reddit: “No, no, what is your BEST rate?”