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Crónica de una llamada borracha: historias insólitas desde la recepción del hotel

Ilustración en caricatura de una recepcionista frustrada atendiendo a un cliente ebrio por teléfono.
En esta vibrante escena en caricatura 3D, nuestra agobiada recepcionista enfrenta el caos de un cliente ebrio, capturando los momentos humorísticos y frustrantes de trabajar en la recepción.

Si creías que trabajar en la recepción de un hotel era solo dar la bienvenida sonriente y entregar llaves, prepárate para cambiar de idea. Hay noches —y tardes— en las que la central telefónica se convierte en una ruleta rusa de lo absurdo. ¿El cliente siempre tiene la razón? A veces, el cliente apenas puede hablar… y ahí es cuando empiezan las mejores historias para contar en la sobremesa.

Hoy te traigo una anécdota digna de una telenovela, pero con tintes de comedia involuntaria. Porque en la recepción hotelera, uno nunca sabe si va a atender una reserva, una queja, o a un personaje que parece salido de una cantina a las tres de la mañana.

El regreso triunfal… con llamada inesperada

Imagina volver al trabajo después de unos días libres y una gripe que te tumbó como si fuera mal de ojo. Listo para ponerte al día con la montaña de papeles, y de repente, ¡ring ring! El teléfono suena y el identificador muestra un nombre completo, pero nada en la base de datos. Hasta aquí, todo normal.

Contesta la recepcionista, con esa voz amable y femenina que solo da años de práctica aguantando todo tipo de clientes. Pero al otro lado… un hombre que apenas escucha la presentación y grita el nombre de otro, masculino, solo porque empieza con la misma letra. De ahí, la cosa se pone más rara: el tipo empieza a reírse como si estuviera viendo un chiste de Polo Polo, y de inmediato lanza preguntas sobre 1962 o 1963, como si estuviera hablando con su tía abuela.

La recepcionista, paciente como santa, le explica que ni sus papás habían nacido por esas fechas. Y ahí el hombre, ya con voz arrastrada, empieza a preguntar la edad, a decir que es “muy joven”, a molestarse porque no quiere dar datos personales y a perderse en un monólogo imposible de entender. Todo esto, mientras ella intenta, una y otra vez, recordarle: “¿En qué puedo ayudarle?”

Técnicas de supervivencia: trucos del gremio hotelero

Si crees que la historia terminó ahí, ¡para nada! Cuando el borracho se pone intenso y empieza a gritar y maldecir, lo mejor es colgar y advertir a los compañeros que estén atentos al identificador de llamadas. Pero, ¿cómo lidian los recepcionistas con estos casos locos?

Entre los comentarios de la comunidad hotelera, surgieron varias joyas dignas de copiar y pegar. Uno recomendó el clásico “Operadora, rastrea esta llamada”, aunque sea puro cuento, porque muchas veces la simple amenaza hace que los bromistas desaparezcan. Otro compartió que, ante esas llamadas incómodas, desvía al bromista al número de la policía municipal o hasta al FBI (sí, en Estados Unidos se vale soñar así de grande).

Y para los que tienen teléfonos más viejos que el bolero y no pueden ver ni bloquear números, la técnica es fingir problemas de línea: “¿Hola? ¿Me escuchas? Permíteme, déjame ajustar… ¿Mejor? ¿Hola?” y colgar con la mayor dignidad posible. Porque en el mundo hotelero, el arte de ignorar o despistar es tan valioso como saber hacer check-in rápido en temporada alta.

Más allá del absurdo: reflexiones y carcajadas del gremio

La comunidad hotelera, tanto en América Latina como en otros países, sabe que este tipo de situaciones son el pan de cada día. Como decía uno de los comentarios: “Aunque el hotel ofreciera ese servicio especial, no se pide por teléfono”. Y no falta quien recuerda cómo, en Cozumel, las llamadas misteriosas a los cuartos para “citas” eran casi una tradición nocturna, como si el hotel fuera una versión moderna del boliche de la esquina.

Algunos colegas cuentan historias aún más bizarras: desde clientes que proponen cosas subidas de tono a las tres de la mañana (y a los que hay que mandar a hacerle esas propuestas a su papá), hasta bromistas que llaman solo para insultar o para pedir regalos de la tienda del hotel haciéndose pasar por niños. La creatividad del ser humano no tiene límites cuando se trata de molestar tras el teléfono.

Moral de la historia: paciencia, humor y mucha astucia

Esta historia, aunque tenga su lado tragicómico, revela algo muy real: trabajar en la recepción de un hotel es como estar en la cabina de un programa de radio en vivo, donde nunca sabes quién va a llamar ni con qué locura te vas a topar. La clave está en mantener la calma, no perder el sentido del humor y, cuando sea necesario, saber colgar con estilo.

Así que la próxima vez que te hospedes en un hotel y veas a la recepcionista con ojeras y una sonrisa forzada, recuerda: detrás de ese mostrador hay alguien que probablemente ya enfrentó a más personajes que cualquier novela de Televisa.

¿Y tú? ¿Has tenido que lidiar con llamadas absurdas en tu trabajo? ¿Qué harías si te toca un “cliente” así? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. ¡Seguro que en este gremio, todos tenemos una anécdota digna de carcajada!


Publicación Original en Reddit: Drunk caller