¡Compadre, qué pesado eres!' y la avalancha de peticiones en la recepción de un hotel
¿Alguna vez te has preguntado cómo es realmente trabajar en la recepción de un hotel durante la temporada alta? Spoiler: si eres de los que prefiere la tranquilidad, mejor busca otro trabajo… o prepárate para vivir una comedia de enredos digna de una novela mexicana. Hoy te traigo una historia tan real como hilarante, donde la paciencia es puesta a prueba, los huéspedes parecen niños de kínder y la recepción se convierte en el centro de operaciones de peticiones insólitas.
¿Listo para sumergirte en la jungla vacacional? Acompáñame en este recorrido por los días más intensos del verano hotelero, donde cada llamada es una nueva sorpresa y cada huésped, una caja de Pandora.
El sueño de la tranquilidad... hasta que llega el verano
Para muchos, la recepción de un hotel puede sonar como un trabajo tranquilo: entregas llaves, sonríes, das información y listo. Pero como bien cuenta nuestro protagonista, la realidad es otra, sobre todo cuando el calendario marca vacaciones de verano. “Me encantan las noches tranquilas de noviembre, cuando sólo entrego llaves a los trabajadores regulares y me pierdo entre mis libros”, confiesa. Lástima que, en verano, los huéspedes se multiplican, y con ellos, las solicitudes que no paran.
Durante estos meses, la recepción se transforma en una guardería con adultos que, según el propio recepcionista, “no tienen ni las habilidades básicas de independencia”. Y es que llega un punto en el que hasta un maestro de preescolar tendría más paz: “Aquí me quedo atrapado con el equivalente a docenas de niños de cinco años, ¡sin las ganas de aprender nada nuevo!”.
Las peticiones más absurdas (y el reto de no perder la cabeza)
Si creías que pedir una toalla extra era lo más que podía pasar, prepárate para reír (o llorar). Una noche cualquiera, mientras trataba de escribir esta historia, el teléfono no paraba de sonar y la gente seguía llegando a la recepción. “Un huésped vino a pedirme diez paquetes de champú. ¡Diez! Y no era la primera vez que lo veía esa noche”, relata. Y apenas había terminado de procesar eso, ya le llamaban desde la habitación para preguntar cómo encender la chimenea… ¡en pleno verano!
¿Te parece mucho? Pues aún hay más. Entre las solicitudes de esa noche estaban:
- Almohadas, cobijas y toallas como si estuvieran en un spa de lujo (cuando el propio recepcionista sobrevive con dos toallas toda la semana).
- Un colchón adicional porque el de la cama plegable era “demasiado incómodo”.
- Una mesa del patio para llevar a su balcón y celebrar un cumpleaños (y claro, que la regresen después).
- Un cable HDMI, “el clásico”.
- Discusiones filosóficas sobre si las camas “queen” son realmente del tamaño anunciado.
- Y, por supuesto, la eterna pregunta: “¿Tienen camas plegables disponibles?” (agotadas, como siempre).
Como bien comentó un usuario en la discusión, “parece que para algunos huéspedes el hotel y sus comodidades son EL destino, no importa si es un hotel de tres estrellas”. Otro se preguntaba con sarcasmo: “¿Será que en casa no tienen toallas extras?”.
El arte de lidiar con lo imposible (y lo pesado que se vuelve)
Pero la joya de la noche fue el famoso “Dude, you’re so heavy” (que aquí sería algo así como “¡Compadre, qué pesado eres!”). Todo empezó cuando un huésped quería registrarse sin tarjeta, sin identificación y sin saber cuántas personas estarían en la habitación. El pobre recepcionista intentaba cumplir con las reglas: “¿Nombre? ¿Tarjeta? ¿Número de huéspedes?”. Pero el tipo sólo quería que le dejaran pasar, y cuando le explicaron que necesitaban autorización para cobrar un extra, explotó: “¡Eres demasiado pesado, sólo déjame entrar!”.
Aquí uno de los comentarios más divertidos decía: “¿Por qué las cosas son tan ‘pesadas’ en el futuro? ¿Hay un problema con la gravedad en la Tierra?”. Y es que a veces, pedir lo mínimo indispensable parece más complicado que pasar el nivel secreto del Mario Bros.
Al final, la solución llegó tras varias llamadas, cambios de tarjeta y aclaraciones eternas sobre adultos y niños por habitación. Todo, mientras el teléfono seguía sonando, una botella de vino se rompía en el lobby y la piscina seguía llena a las once de la noche.
Reflexiones y confesiones de la vida hotelera
No todos resisten la presión. Muchos exrecepcionistas confesaron en los comentarios que dejaron el puesto por el desgaste extremo. “Mi hijo de tres años funciona mejor que el 99% de los huéspedes que atendí”, decía uno. Otros bromeaban: “Deberían contratarme solo para poner en su lugar a los clientes prepotentes, sería mi trabajo soñado”.
Y es que, como todo en la vida, hay quienes sólo buscan complicar a los demás y quienes, con una sonrisa y un poco de empatía, hacen que la estadía sea más llevadera para todos. Nuestro protagonista, como muchos en Latinoamérica, sueña con un descanso real: “Al terminar el verano, me iré a una cabaña en el bosque, sin huéspedes, sin teléfonos, sólo paz y tranquilidad”. ¿Quién no se identifica?
¿Y tú, de qué lado estás?
Después de leer esto, ¿te dieron ganas de ser recepcionista… o mejor te quedas del lado del huésped educado? ¿Eres de los que llegan con su propia botella de agua y jabón, o te reconociste pidiendo el cable HDMI a las once de la noche?
Cuéntanos tu anécdota más graciosa (o desesperante) en hoteles, o si alguna vez trabajaste en recepción y sobreviviste para contarlo. ¡A ver quién tiene la historia más “pesada”!
Publicación Original en Reddit: 'Dude, you're so heavy' and an avalanche of requests