Lo que me preguntó un huésped en el hotel me dejó sin palabras (y sin ganas de volver a preguntar '¿en qué puedo ayudarle?')
En el mundo de la hotelería uno aprende que los huéspedes pueden pedir absolutamente de todo: desde una almohada extra hasta direcciones para la mejor taquería del barrio. Pero hay días en los que la realidad supera la ficción, y la recepción se convierte en un consultorio improvisado. Hoy les traigo una de esas historias que uno no espera vivir ni aunque le paguen horas extra.
Imaginen: era un típico día de verano. Apenas llevaba unas semanas en mi nuevo trabajo como recepcionista, pero ya me sentía curtido por la vida tras varias temporadas lidiando con huéspedes de todos los colores y sabores. Ese día, mientras repartía cafés, capuchinos y algún que otro spritz, una simple pregunta vino a cambiar mi percepción de lo que significa "servicio al cliente".