La dulce paz de hotel: cuando no pasa nada... ¡y es lo mejor del mundo!
En el mundo de la hotelería, donde casi siempre reina el caos entre huéspedes apurados, niños corriendo y llamadas interminables, hay algo que pocos aprecian: el bendito momento en que no pasa absolutamente nada. Sí, así como lo lees. Nada. Y para quienes trabajan tras el mostrador, ese “nada” es un verdadero regalo de los dioses.
Hace unos días, uno de esos milagros ocurrió. No había quejas, ni filas eternas, ni preguntas existenciales sobre la ubicación de la tina. Solo tranquilidad, series de televisión y hasta la posibilidad de comerse una torta sin interrupciones. Permíteme contarte por qué ese instante es el verdadero lujo, incluso más que una suite con jacuzzi y vista al mar.