Cuando el cliente te ignora: historias de recepción y dignidad perdida
Trabajar en la recepción de un hotel es como estar en una novela de Gabriel García Márquez: nunca sabes si el siguiente personaje será un ángel, un demonio o simplemente una sombra que pasa sin verte. Si alguna vez has estado del otro lado del mostrador, sabrás que cada huésped trae su propio equipaje… y no me refiero precisamente a maletas.
Hoy quiero contarte una historia que ocurrió en la recepción de un hotel cualquiera, pero que podría haber pasado perfectamente en cualquier ciudad de Latinoamérica. Es la historia de cómo, a veces, no hace falta gritar ni armar escándalos para hacer sentir a alguien como si no valiera nada. Basta con una mirada (o la ausencia de ella), unas palabras cortantes y una dosis de indiferencia.