Cuando el jefe admite su error: la historia del horario flexible y el “unicornio” en la oficina pública
En las oficinas públicas de Latinoamérica, uno aprende a esperar de todo: desde regulaciones absurdas hasta jefes que parecen tener doctorado en "cómo complicarle la vida a los empleados". Pero la historia de hoy es tan rara como ver un unicornio en la avenida Reforma o en la 9 de Julio: un jefe que ¡admite su error y lo corrige! Si te has topado con esos jefes que piensan que pedir disculpas es como perder la dignidad, quédate porque esta anécdota te va a sacar una sonrisa… y quizá hasta te haga creer en los milagros laborales.
Era hace unos 13 o 15 años, en una dependencia de gobierno cualquiera. El protagonista de nuestra historia, recién contratado, tenía a su cargo una flota de autos oficiales. Su trabajo era de esos que muchos envidian (o eso creen): mover carros de aquí para allá, llevarlos a talleres, lavarles hasta la cajuela, reponer focos, revisar líquidos… y dejar cada unidad lista para la siguiente misión burocrática.