Cuando contestar solo lo que te preguntan enseña modales en la oficina
¿Alguna vez has tenido ese cliente que parece que le hacen falta un par de clases de comunicación? Ya sabes, el típico que escribe correos tan secos y directos que hasta el teclado se siente ofendido, y que luego se enoja si no le lees la mente. Pues hoy te traigo una historia que demuestra que a veces, siguiendo las reglas al pie de la letra, puedes hacer que hasta el cliente más complicado aprenda a ser más considerado. ¡Acompáñame a descubrir cómo la “obediencia maliciosa” puede ser un arte digno de aplausos en la jungla laboral latinoamericana!