¿Cariño, jefe o falta de respeto? El debate de los apodos en la atención al cliente
En Latinoamérica, ¿quién no ha escuchado un “mi reina”, “jefe”, “corazón” o “mi amor” en la panadería, el súper, o hasta en trámites de gobierno? Para muchos es una muestra de calidez y cercanía. Pero, ¿qué pasa si ese mismo “cariño” se cruza con alguien que no lo siente igual? Hoy traigo una historia curiosa, que explotó en redes, sobre cómo un simple apodo puede desatar un verdadero debate cultural y hasta existencial. ¿Te animas a descubrir por qué llamar “cariño” puede ser tan polémico como pedirle al reggaetón que no hable de amores imposibles?
El origen: Una costumbre sureña y un malentendido monumental
La historia nace en un hotel de Estados Unidos, donde la protagonista creció en Kentucky, en un pueblo pequeño y tradicionalista, rodeada de costumbres sureñas que para muchos latinos no son tan ajenas. Allí, como en varias regiones de Latinoamérica, es común utilizar apodos cariñosos con todo el mundo: desde el tendero que te dice “joven”, “güerita” o “mi rey”, hasta la señora del mercado que te grita “¡mi cielo, ya llegó el pan calientito!”.
Nuestra heroína adoptó el hábito de llamar a todos sus huéspedes “hun” (abreviatura de “honey”, algo así como “cariño” o “mi amor”), sin importar edad, género o si es la primera o la quinta vez que los veía. Y ojo: en su hotel la mayoría de los huéspedes son de estadía larga, así que se crea un ambiente casi familiar.
Sin embargo, lo que para ella era solo una expresión de amabilidad, para una clienta resultó ser toda una ofensa. La señora, durante una llamada para reservar, la acusó de “denigrarla” y de hacerla sentir vieja. ¡Como si le hubieran dicho “abuelita” en vez de “mi reina”!
¿Amabilidad o exceso de confianza? La batalla de los apodos
Aquí es donde se pone buena la cosa. Porque así como en México no es lo mismo que te llamen “jefe” en la tiendita que un desconocido te diga “mi amor” en la oficina, en Estados Unidos hay quienes ven en esos apodos una falta de profesionalismo, o incluso una invasión de su espacio personal.
Algunos comentaristas entendieron perfectamente la intención de la recepcionista, como quien dijo: “Me gusta cuando las mujeres me dicen ‘hon’, pero no tanto si lo hace un hombre. No es nada personal, pero me pone en guardia”. En Latinoamérica, seguro más de uno se identifica: ¿cuántas veces hemos escuchado a las señoras decirle “mi vida” a cualquiera, pero si un señor lo hace, suena raro?
Otros, en cambio, consideran que estas palabras pueden sentirse demasiado personales, especialmente si no hay confianza previa. Un usuario compartió: “En mi país, que un joven le diga un apodo cariñoso a un mayor es casi una falta de respeto, como si asumiera una familiaridad que no existe”.
Y claro, también están los que se lo toman con humor, como aquel que respondió: “Perdón, creo que no entendiste… Te llamé ‘Hun’, como Atila”. ¿Te imaginas a la tía diciendo eso en la fila del banco?
La importancia del contexto y la cultura: ¿Por qué nos ofendemos?
El debate se vuelve aún más interesante cuando analizamos el trasfondo cultural. En muchas partes de Latinoamérica, usar apodos cariñosos en el trato diario es casi inevitable, y hasta esperable. De hecho, ¿quién no se ha sentido raro la primera vez que fue a un país donde nadie te llama “gordo”, “flaco”, “negra”, “güero”, “vieja”, o “mi amor”?
Pero, como bien anotó otro comentarista, “con tanta sutileza en el lenguaje, es inevitable que algo suene ofensivo para alguien, aunque no lo digas con mala intención”. Y es cierto: el mismo “no hay problema” que en México suena amigable, en otros lugares puede parecer desinterés o hasta grosero.
La propia autora reconoce que, si bien la mayoría de sus huéspedes aman su trato cálido y hasta llevan la cuenta de cuántas veces les dice “hun” o “y’all” (el “ustedes” sureño), hay quienes simplemente no lo toleran. Y, como en todos lados, nunca faltará quien se ofenda hasta por un “buenos días”.
¿Profesionalismo frío o calidez latina? La eterna pregunta
El dilema es real: ¿deberíamos erradicar los apodos cariñosos del trato profesional? Algunos opinan que sí, que hay que “modular el lenguaje según el contexto”, como lo haría un buen vendedor argentino que cambia de “che” a “señor” dependiendo del cliente. Otros defienden que, si la intención es buena, no hay razón para cambiar: “Tú sigue siendo tú, no le hagas caso a los amargados”, aconsejaron varios.
En palabras de otro usuario, “prefiero mil veces que la señora de la tienda me diga ‘corazón’ y me saque una sonrisa, a sentirme invisible en un supermercado de cadena”. ¿No es ese el encanto de nuestra cultura latina? La calidez, el trato humano, y la capacidad de bromear hasta en los peores momentos.
A fin de cuentas, como bien dijo uno: “Si a alguien no le gusta, que lo diga con educación, pero no hay razón para hacer un escándalo”. Y si la señora se sigue quejando… pues, como decimos en México, ¡“Dios la bendiga y que siga su camino”!
¿Y tú, eres de los que ama o detesta los apodos cariñosos?
La próxima vez que escuches un “mi amor”, “jefe”, “reina”, “cariño” o “patrón”, tal vez lo veas diferente. ¿Te parece un gesto de amabilidad, o una falta de respeto? ¿Crees que deberíamos dejar de usarlos en espacios formales, o que son parte de lo que nos hace únicos como latinos?
Cuéntanos tu experiencia: ¿cuál es el apodo más curioso que te han dicho en la calle o en el trabajo? ¿Alguna vez te has sentido incómodo, o por el contrario, te alegró el día? ¡Déjalo en los comentarios y únete al debate!
Porque al final, entre tanto caos moderno, un poco de cariño—aunque sea en forma de apodo—nunca está de más.
Publicación Original en Reddit: Let’s start this off by saying a grew up in a very southern setting…