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¿Cómo se atreven a beber agua? Crónica de surrealismo en la recepción de un hotel

Dos mujeres en una escena cinematográfica discutiendo sobre el servicio de agua, mostrando frustración y determinación.
En este momento cinematográfico, dos mujeres debaten con pasión sobre una solicitud de servicio de agua que les fue negada, reflejando la intensidad de sus emociones y la absurdidad de la situación.

En el mundo de la hospitalidad, uno cree que lo ha visto todo… hasta que llega el día en que te acusan de intentar agredir a alguien con una simple botella de agua. Si alguna vez has trabajado en atención al cliente en Latinoamérica—ya sea en un hotel, una cafetería o hasta en la tiendita de la esquina—sabes que hay clientes que parecen salidos de una telenovela. Hoy te traigo una historia digna de “La Rosa de Guadalupe”, con todo y giro dramático: cómo el acto inocente de hidratarse puede volverse el centro de una batalla campal entre la razón y el absurdo.

El show comienza: “¡Exijo lo imposible!”

Imagina que eres recepcionista en un hotel. Dos señoras llegan al mostrador, exigiendo un servicio que simplemente no existe. Tú, con la paciencia de un santo y la sonrisa bien puesta (aunque por dentro estés contando hasta mil), les explicas una y otra vez que no puedes cumplir con lo que piden. Pero ellas, terca la burra, siguen insistiendo como si tuvieran el poder de transformar la realidad a punta de gritos.

Después de quince minutos de “no, señora, no tenemos ese servicio”, la mayor de las dos saca su carta fuerte: “¡Te voy a hacer correr! ¡Mañana no tienes trabajo!” ¿Quién no ha escuchado esa amenaza en algún empleo? Es casi un clásico de la cultura de servicio al cliente en todo el continente. Como bien decía un usuario en los comentarios: “¿Amenazas con despedirme? Ni aunque estuvieras en llamas te tiraría mi agua”.

De la amenaza al absurdo: el drama del agua

Pero la historia no termina ahí. Cansado de la situación, el recepcionista les informa que deben recoger sus cosas y salir del hotel. Es ahí donde la más joven se indigna: “¿Nos estás corriendo solo por preguntar?” No, no es por preguntar, es por hacerme repetir lo mismo veinte veces y amenazarme como si tuvieras línea directa con el jefe de recursos humanos.

Las señoras, lejos de irse, se plantan en el mostrador como si fueran a acampar. El recepcionista, ya en modo “no me pagan lo suficiente para esto”, decide llamar a la policía. Y justo en ese momento, ocurre lo que nadie esperaba: el escándalo por una botella de agua.

El chico toma su botella y, al abrirla para tomar un trago, la joven grita: “¡¿Qué vas a hacer con eso?!” Él, con la ceja levantada y cara de “no puede ser”, responde: “Voy a tomar agua… ¿no se nota?”. Pero la señora, en una escena digna de drama mexicano, acusa: “¡Parecía que ibas a lanzársela a mi mamá!”

Aquí, uno de los comentaristas más sagaces del foro lo resumió así: “Es que la gente siempre proyecta. Si ellas tuvieran agua, la habrían lanzado, por eso lo piensan”. Y la verdad, ¿quién de nosotros no ha pensado lo mismo cuando alguien te acusa de algo tan absurdo?

Reflexión latinoamericana: hospitalidad y surrealismo

No importa si atiendes un hotel en la Riviera Maya, una panadería en Lima o una oficina de trámites en Buenos Aires: siempre hay personajes que creen que armar escándalo les dará superpoderes. Otro usuario lo dijo con ironía: “Señora, ni aunque estuviera lloviendo brujas le gastaba mi agua… no vaya a ser que se derritan como en El Mago de Oz”.

El tema de las amenazas de “te voy a hacer correr” es tan común en nuestros países como el regateo en los mercados. Pero, como bien dicen por ahí, una cosa es pedir con educación y otra exigir como si uno estuviera en la corte del Virrey.

Y no faltó el humor latino: “¿Tú crees que eres digna de mi agua? ¡Ni de mis líquidos eres merecedora!”, o el clásico “Tal vez mañana no tenga trabajo, pero tú hoy mismo te quedas sin cama”.

¿Y el final? Más tranquilo que una siesta dominical

Al final, la policía llega y, como suele pasar, las señoras se van en paz, aunque indignadas. El recepcionista, con la dignidad intacta, se queda con la anécdota y la satisfacción de no haber perdido la cabeza (ni la botella de agua). Como bien reflexiona el propio autor: “Hay gente tan absurda que te deja sin palabras. Por suerte, siempre hay cámaras y testigos para evitar que los chismes ganen”.

En los comentarios, muchos recordaron historias parecidas: desde huéspedes que juran nunca volver (¡gracias por el favor!) hasta aquellos que creen que pedir algo a gritos es sinónimo de obtenerlo. En Latinoamérica, la hospitalidad es una mezcla de paciencia, ingenio y mucho sentido del humor.

¿Te ha pasado algo así?

Así es la vida en la atención al cliente: un día eres héroe, al siguiente villano, y a veces, solo eres el pobre que no puede ni tomar agua en paz. ¿Te ha tocado algún cliente que te saque una historia digna de compartir? Cuéntanos tu anécdota en los comentarios y celebremos juntos el arte latinoamericano de sobrevivir a los clientes más insólitos.

Y recuerda, si ves a tu recepcionista tomando agua, ¡no entres en pánico! Quizá solo está hidratándose… o preparándose para el siguiente episodio de esta eterna telenovela llamada “servicio al cliente”.


Publicación Original en Reddit: How dare I drink water????