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Cómo mis papás ganaron $3,000 con el peor coche del mundo… y una demanda inesperada

Un auto vintage estacionado en una calle suburbana, simbolizando aventuras juveniles y recuerdos familiares de 2006.
Una representación fotorrealista de este nostálgico auto de 2006, que evoca los días despreocupados de la juventud, viajes familiares por carretera y aventuras inesperadas. ¿Qué recuerdos te trae este viejo auto?

En la vida, a veces lo peor se convierte en lo mejor… sobre todo cuando el karma y la justicia se dan la mano. ¿Quién diría que un coche viejo, feo y parchado con cinta adhesiva podría convertirse en una mina de oro? Hoy te traigo una historia real que mezcla la picardía latina, la terquedad norteamericana y la satisfacción de ver cómo el que quiere pasarse de listo termina perdiendo el doble. Si alguna vez pensaste que solo en las telenovelas pasan cosas así, ¡prepárate porque esta historia podría haberle pasado a tu primo, a tu vecina o incluso a ti!

El Geo Metro: más feo que funcional, pero siempre fiel

Corre el año 2006. Mi hermana mayor, recién estrenando licencia de conducir, recibe de mis papás lo que aquí llamaríamos “un cascajo” o “un carrito de guerra”, de esos que más que carro parecen chatarra con ruedas. Un Geo Metro dorado, modelo ochentero, oxidado, lleno de abolladuras, y con un espejo lateral pegado con cinta gris. Para que se den una idea, en Latinoamérica sería como ese Tsuru que nunca falta en la familia, el que sobrevive a todo, menos al tráfico pesado del DF en hora pico.

Una tarde, mientras mi hermana iba por su cheque a la pizzería (Pizza Hut, para más señas), un Suburban negro —de esos que sólo ves en películas gringas o en narcoseries— se echó en reversa y la chocó con ganas, justo del lado del conductor. El Metro quedó hecho pedazos, pero mi hermana, gracias a Dios, ilesa. Aquí en Latinoamérica, todos habríamos dicho lo mismo: “¡Lo importante es la salud, el coche se recupera!”

El seguro, las mentiras y el arte de hacerse la víctima

Ambos tenían seguro y la policía hizo su reporte. Todo parecía ir en orden, hasta que semanas después la aseguradora de la señora del Suburban manda una carta pidiendo que la aseguradora de mis papás pague los daños... ¡al Suburban! Según la versión de la señora, mi hermana iba “volando” en el estacionamiento y por eso fue su culpa. ¿Quién le iba a creer que un Metro de los 80 podía ir rápido? Un usuario en Reddit, muy a la mexicana, comentó: “¿Acaso pensó que vio a la chava pedaleando muy fuerte?” (¡Tal cual!). Otro puso: “Con esos carros, a los 60 km/h sólo si vas de bajada y con el viento a favor”.

Los papás, incrédulos, revisaron el reporte policial y encontraron un dato clave: el espejo pegado con cinta se cayó recto al suelo, lo que indicaba que el coche estaba casi parado o iba lentísimo. Más pruebas imposibles. El seguro de mis papás respondió que no pagaría porque su hija no tuvo la culpa, pero estaban dispuestos a darle a la señora lo que pagaron por el coche: $350 dólares (un regalo, francamente). La señora, necia como burro amarrado, contestó que no pagaría nada y que si querían, la demandaran.

Cuando la terquedad se paga caro (y la justicia te sonríe)

Aquí es donde la historia se pone buena. Los papás dijeron: “¡Órale pues, vamos al juzgado!” y armaron todo el papeleo para la corte de reclamos menores (el equivalente a nuestro juzgado de paz o conciliación). Llevaron el Metro hecho trizas a un taller, donde les cotizaron el costo de arreglar puertas, paneles, llanta y suspensión. Como era un coche viejo, ni piezas se conseguían, así que la cuenta fue de casi $4,000 dólares.

Antes del juicio, intentaron mediar para que la señora pagara solo los $350 iniciales, pero ella se aferró. Llegó el gran día, y el juez, viendo el reporte y las pruebas, decidió que la señora era la responsable por no fijarse al dar reversa. Resultado: los papás ganan los $4,000. Así, con un coche que no valía ni para el kilo de lámina, terminaron embolsándose más de tres mil dólares de ganancia. Como decimos por acá: “Le salió el tiro por la culata”.

La historia se hizo viral y los comentarios no faltaron. Muchos contaron anécdotas similares: desde quien vendió su coche viejo por $1,000 y el seguro le pagó $2,000 tras un choque, hasta el que recibió más dinero de lo que había pagado por su auto tras un accidente. Un usuario compartió: “En los años que tuve mi Geo Metro, nunca pude ir rápido. Esos coches no corren ni aunque los empujes”.

Otros aprovecharon para dar consejos útiles que aquí también aplican: “Si tienes seguro, asegúrate de tener cobertura contra conductores sin seguro” —algo muy necesario en ciudades donde muchos manejan sin póliza. Y, claro, no faltó quien dijera que, como buenos latinos, siempre buscamos el mejor provecho: “¡Ese carro terminó siendo la mejor inversión de tu papá!”

Pero más allá del chisme, la moraleja es clara: la terquedad y las mentiras suelen salir caras. Como diría cualquier abuela, “el que nada debe, nada teme”. Y en este caso, la justicia hizo lo suyo.

¿Y tú, alguna vez saliste ganón con el seguro?

Historias como ésta nos recuerdan que no siempre el que tiene el coche más grande o el mejor seguro termina ganando. A veces, hasta el carrito más feo puede convertirse en tu boleto a la suerte. ¿Te ha pasado algo parecido? ¿Has visto cómo el karma le da la vuelta a alguien que quería pasarse de listo? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. ¡Aquí todos tenemos una historia de “carro de guerra” que contar!

Porque en la vida, como en el tráfico, nunca sabes cuándo el destino te va a dar un giro inesperado… y a veces, hasta te llevas un dinerito extra.

¿Y tú, qué harías si te pasa algo así? ¡Déjanos tu anécdota y comparte este post con quien necesite reírse (o aprender) sobre cómo sacarle jugo hasta al peor de los carros!


Publicación Original en Reddit: Take you to court? Okay...