Cómo la “encriptación nula” derrumbó una pirámide digital: la historia más insólita de compliance malicioso
¿Alguna vez sentiste que tu trabajo era tan surrealista que parecía una telenovela? Bueno, prepárate, porque lo que vas a leer supera cualquier guion de horario estelar. Esta es la historia de cómo una simple “encriptación nula” (sí, como lo lees) no solo cumplió con un requisito absurdo, sino que terminó hundiendo un negocio que, spoiler alert, ya venía con olor a estafa.
Imagínate: son las 5 de la mañana, todavía no sale el sol, y tu jefe te despierta a gritos porque “el sitio no funciona”. No es un mal sueño, es la vida real de nuestro protagonista, quien trabajaba como gerente de TI en una empresa de marketing multinivel que prometía educación por internet y hospedaje web, pero en realidad era más piramidal que el mismísimo Chichén Itzá.
Cuando el compliance se convierte en venganza: La receta perfecta para el desastre
La historia arranca en 2001, en pleno auge del internet salvaje, donde las reglas de seguridad digital eran más flexibles que los horarios de un call center en vacaciones. La empresa, que llamaremos Z-corp, funcionaba bajo el típico esquema de “trae a tus amigos y gana dinero”. Por cada persona que caía y pagaba $149 dólares anuales (renovación automática, ¡por supuesto!), los de arriba en la pirámide llenaban sus bolsillos.
El ambiente laboral era digno de una película de terror: jefes gritones, jornadas de 18 horas, y llamadas a la madrugada. “Daddy” (el dueño, un ex albañil con más mañas que los políticos en campaña) y sus hijos manejaban todo a gritos y sombrerazos. En México diríamos: “Era una olla de grillos”.
Un buen día, el hijo de Daddy, Richard, mete la pata de manera épica y desconecta el sitio y el sistema de pagos. Tras mucho correr y apagar fuegos (literalmente, porque la empresa casi se incendia), logran un acuerdo con el procesador de tarjetas de crédito, pero con una nueva condición: ¡hay que encriptar los datos de las tarjetas y usar SSL!
La solución “nula”: Compliance literal, consecuencias fatales
Aquí es donde entra la joya de la historia y el compliance malicioso. El equipo técnico, consciente de que hacer una encriptación real tomaría meses, sugiere una “encriptación nula”: cada noche, la base de datos borraría los datos de las tarjetas poniendo un NULL (el equivalente a “nada” en lenguaje SQL).
Daddy, que buscaba soluciones rápidas como quien compra empanadas en la calle, acepta sin preguntar. El resultado: los datos de las tarjetas desaparecían cada medianoche. Técnicamente, cumplían con la nueva norma: no había datos sin encriptar… porque no había datos, punto.
Cuando el procesador de tarjetas auditó el sistema, todo pasó perfecto. Nadie se imaginó el desastre en puerta. Como diría cualquier abuelita latinoamericana: “Pan para hoy, hambre para mañana”.
El golpe final: ¿Compliance o sabotaje? El debate en internet
Pasaron los meses, y nuestro protagonista, cansado de la explotación, los gritos y los sueldos atrasados (muy a la latinoamericana, por cierto), decidió renunciar. Pero aquí viene el plot twist: justo seis días después, llegó la primera renovación anual. ¿El problema? Todas las tarjetas estaban en NULL. No se pudo cobrar ni un peso, y la pirámide digital se vino abajo como castillo de naipes en la tormenta.
En Reddit, la comunidad se dividió. Un comentario con cientos de votos decía: “Si esto hubiera pasado en una empresa legal, te caería una demanda del tamaño de la deuda externa”. Otros, más sarcásticos, aplaudieron la jugada: “No puedo enojarme con quien le da su merecido a los estafadores”. Incluso hubo quienes lo tildaron de “héroe” por acabar con la estafa.
El propio autor aclaró: “La consecuencia de no cumplir era perder el servicio de tarjetas, así que preferí preocuparme por el futuro y no por el presente”. Y sí, la historia terminó con una investigación del gobierno —como suele pasar en estos casos— y el cierre definitivo de la empresa.
¿Qué aprendemos de este culebrón digital?
Esta historia podría ser un capítulo extra de “La Casa de las Flores”, pero es una lección sobre lo que puede pasar cuando la ignorancia, la avaricia y la falta de ética se combinan con la creatividad de un empleado harto de abusos. En Latinoamérica, donde el “hazlo rápido y que nadie pregunte” es pan de cada día, muchos podrán verse reflejados (o al menos reírse) con este relato.
Para quienes trabajan en tecnología, este caso es un recordatorio: a veces, cumplir la letra de la norma puede ser más destructivo que romperla. Y para los empresarios: no subestimen a su equipo ni tomen atajos con la seguridad. Al final, como dirían en Argentina, “la viveza criolla te puede salir carísima”.
¿Tú qué habrías hecho en su lugar? ¿Alguna vez aplicaste un “compliance malicioso” en tu chamba? Cuéntanos tu historia o comparte este relato con ese amigo que todavía cree en los multiniveles. ¡Nos leemos en los comentarios!
Publicación Original en Reddit: Null encryption creates null company