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Bromas telefónicas en hoteles: ¿molestia o el alma secreta de la noche?

Recepcionista nocturno disfrutando de una broma telefónica en un hotel, sonriendo por la conversación divertida con un adolescente.
Una representación fotorrealista de un recepcionista nocturno en un hotel, compartiendo un momento ameno durante una broma telefónica. Esta encantadora escena captura la alegría y nostalgia del humor inocente, recordándonos que la risa puede iluminar incluso las noches más tranquilas.

¿Quién no ha escuchado alguna vez una broma telefónica? Esas llamadas inesperadas que, dependiendo del humor del que la recibe, pueden arrancar carcajadas o miradas de fastidio. Pero, ¿alguna vez pensaste cómo vive estas bromas el personal de un hotel en la madrugada? Hoy te traigo una historia que mezcla nostalgia, camaradería y mucho humor, basada en la experiencia de un auditor nocturno que, lejos de molestarse, disfruta y encuentra alegría en esas travesuras telefónicas que nunca pasan de moda.

De bromistas y bromados: el arte de la llamada nocturna

La historia comienza con el relato de un auditor nocturno de hotel, quien confiesa que adora las bromas telefónicas inofensivas. Sí, leíste bien: ¡las disfruta! A diferencia de muchos que ven en estas llamadas una molestia, para él son como recordatorios vivos de una época más inocente, donde las risas y las ocurrencias eran el pan de cada día, especialmente entre adolescentes. ¿Te acuerdas cuando llamabas a la tienda de la esquina para preguntar si tenían “María Juana” y te matabas de la risa si el encargado caía en la trampa? Exacto, ese tipo de humor simple y blanco.

Uno de los episodios favoritos del auditor fue cuando un grupo de chicas llamó diciendo que el yogur del hotel estaba “podrido” y que les daba gases… ¡con efectos de sonido incluidos! El empleado, lejos de molestarse, incluso les inventó un nombre falso para seguir el juego, y desde entonces, cada tanto recibe llamadas preguntando por “Jeremy”, el personaje creado para la ocasión. ¿No te suena a las típicas bromas de “¿Está el señor Cabeza?” o “¿Puede hablar con Don Nadie?” que todos hicimos alguna vez?

Cuando la broma se pasa de la raya

Por supuesto, no todo es color de rosa. Muchos en la comunidad hotelera coinciden en que las bromas pierden la gracia cuando cruzan la línea hacia lo vulgar o incómodo. Un usuario de la comunidad compartió su frustración: “Ojalá dejaran de hacer las bromas subidas de tono. Si fueran del tipo ‘¿Corre tu refrigerador?’ me reiría, pero no, siempre es algo como ‘¿Tienes un trasero grande?’ o peor”. El propio auditor original recordó su primera semana en el hotel, cuando recibió una llamada de alguien haciendo cosas inapropiadas… ¡Vaya bienvenida!

Este contraste refleja una verdad universal: la línea entre lo gracioso y lo desagradable es delgadísima, y muchas veces depende de quién recibe la broma y cómo se maneja la situación. Como bien dijo otro empleado: “Cuando son adolescentes divirtiéndose, hasta yo me río. Pero si es un adulto diciendo que ensució todo el cuarto o que metió cosas raras en la habitación, cuelgo enseguida”.

Un toque de nostalgia y creatividad latina

Lo interesante es cómo estas bromas, lejos de desaparecer con la llegada de los celulares y las redes sociales, siguen vivas y evolucionando. Muchos recuerdan con cariño las travesuras de los 90: llamar a la tienda a preguntar si tenían “Príncipe Alberto enlatado” (un clásico gringo, que aquí podríamos adaptar a preguntar por “Don Cheto” o “Don Nadie”), o incluso hacer llamadas cruzadas entre pizzerías y restaurantes chinos para que terminaran conversando entre ellos sin entender nada, como compartió una usuaria en tono de complicidad.

En Latinoamérica, el ingenio nunca falta. Desde el mítico “¿Está el señor Tomate?” hasta los memes actuales llevados a la vida real: niños preguntando si los “furries” pagan depósito de mascotas en el hotel, adolescentes que simulan ser robots de inteligencia artificial, o los infaltables que preguntan por el “señor Jass” o “Ricardo Cabeza”, sacando carcajadas y, a veces, miradas de resignación.

El hotel: ese escenario de historias increíbles

Lo cierto es que el hotel de noche es un mundo aparte, donde los empleados no solo lidian con huéspedes exigentes, sino con toda una fauna de bromistas, estafadores y personajes dignos de novela. Desde el que pide una llamada de despertador a las 3 am para fastidiar a sus amigos, hasta los que llaman diciendo que se toparon con una serpiente negra en los pasillos. Hay quienes, como el protagonista de nuestra historia, eligen reírse y ver el lado amable, transformando una simple broma en una anécdota que alegra el turno nocturno.

Por supuesto, la clave está en saber distinguir: una broma sana puede ser el respiro que todos necesitamos en una noche larga de trabajo, pero una broma pesada puede arruinarle el día a cualquiera. ¿La mejor estrategia? Como sugirió uno de los empleados veteranos: “Cuando me doy cuenta que es una broma, les doy una pequeña crítica y los mando a ver YouTube para que aprendan a hacer bromas de verdad”.

Conclusión: Reírse juntos, la mejor broma

En el fondo, las bromas telefónicas son parte de nuestra cultura popular, un reflejo de cómo buscamos divertirnos y conectar, aunque sea a través de una línea telefónica. Si se hacen con respeto e ingenio, pueden dar lugar a historias inolvidables y hasta forjar lazos de complicidad entre quienes las reciben y quienes las hacen. Así que la próxima vez que te llamen preguntando por “Jeremy” o “Don Nadie”, tal vez convenga seguirles el juego y sumar una sonrisa más al turno nocturno.

Y tú, ¿tienes alguna anécdota de bromas telefónicas que te haya hecho reír (o enojar)? ¡Cuéntanos en los comentarios y sigamos alimentando esta tradición tan nuestra, siempre con buen humor y sin pasarnos de la raya!


Publicación Original en Reddit: I love prank calls