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Bromas de madrugada: El arte de confundir a huéspedes borrachos en recepción

Monitor para bebés con forma de búho usado para bromas a huéspedes ebrios durante turnos nocturnos.
Una mirada cinematográfica a las travesuras de los auditores nocturnos de hoteles, mostrando el ingenioso monitor con forma de búho, utilizado para vigilar a los huéspedes y añadir un toque de picardía a los turnos de la noche.

¿Alguna vez te has preguntado qué sucede en los hoteles mientras todos duermen? Dicen que en la madrugada ocurren los mejores chismes, las historias más locas y, sobre todo, las bromas más memorables. Y es que, entre el insomnio, el cansancio y uno que otro huésped pasado de copas (o algo más), los recepcionistas nocturnos han desarrollado un sexto sentido… y un sentido del humor muy peculiar.

Hoy te traigo una anécdota que no tiene desperdicio: la historia de un recepcionista que, armado con un monitor de bebé en forma de búho y mucho ingenio, decidió darle un toque de humor a su turno nocturno. Prepárate para reírte y, quién sabe, tal vez reconocer alguna travesura parecida en tu propio trabajo.

Las noches de hotel y los huéspedes “alegres”

Quienes han trabajado en recepción de hotel saben que el turno nocturno es otro mundo. Nada que ver con el bullicio de la mañana o la formalidad de la tarde. Aquí, lo que sobran son historias dignas de una telenovela de Canal de las Estrellas, protagonizadas por huéspedes que llegan después de una noche larga, ya sea con el corazón roto, la cartera vacía o… la cabeza en las nubes.

El protagonista de nuestra historia, un recepcionista audaz y creativo, compartió en Reddit (r/TalesFromTheFrontDesk) cómo, mientras hacía la auditoría nocturna y la lavandería, tenía que vigilar la recepción a distancia. Para esto, usaba un monitor de bebé con forma de búho, equipado con cámara y altavoz. Así, podía ver y hablar con los huéspedes sin estar físicamente presente.

Una noche, llegó un huésped “elevado hasta la nube nueve”, como decimos por acá. El tipo, completamente ido, empezó a buscar al recepcionista en la recepción vacía, saludando al aire, sin saber que estaba siendo observado. El recepcionista, a través del monitor, le contestó: “Hola”. El huésped, confundido, preguntó de dónde venía la voz. Y ahí comenzó la magia.

“A la izquierda… no, tu otra izquierda”

Aquí es donde la creatividad latina se hace presente. El recepcionista decidió jugarle una broma: “Estoy a tu izquierda”, le dijo por el altavoz. El huésped volteó a la izquierda. “No, tu otra izquierda”. Como buen mexicano despistado en el metro, el huésped giró a la derecha. “No, tu otra izquierda”, insistió el recepcionista, mientras el huésped daba vueltas como trompo, sin encontrar a nadie.

No faltó quien en los comentarios dijera que esto era “cruel pero absolutamente hilarante”, o como diríamos en confianza: “Delicioso nivel de maldad, pero sin lastimar a nadie”. Y es que, en Latinoamérica, todos tenemos ese tío bromista que hace sufrir a los sobrinos con adivinanzas imposibles o que nos manda por “el changuito de la esquina”.

La broma llegó al clímax cuando el recepcionista le pidió al huésped que cerrara los ojos y contara hasta diez. Mientras el pobre hombre contaba, el recepcionista corrió sigilosamente hasta la recepción. Cuando el huésped abrió los ojos, escuchó: “¿Y ahora sí me ves?”. El susto fue de película, digno de un episodio de “La Rosa de Guadalupe”, con todo y ventarrón incluido.

¿Broma inocente o peligro de reseña negativa?

Obviamente, no todos los comentarios fueron risas y aplausos. Algunos lectores, como “PersonaXXX99”, dijeron que les encantaría hacer algo así, pero temen ganarse una mala reseña en redes sociales: “Me encantaría hacerlo, pero seguro me dejan una estrella en Google y ahí sí, adiós propina”.

En cambio, otros como “SkwrlTail” se sinceraron: “Yo solo quiero que se vayan a dormir y no molesten. Tengo poca paciencia para los borrachos”. Un sentimiento que muchos trabajadores nocturnos comprenden: a veces la mejor broma es despachar rápido y evitar problemas mayores.

Por otro lado, hubo quienes se preocuparon por los posibles riesgos. “Todo está bien hasta que se lo haces a alguien con problemas de salud mental”, advirtió “Amonette2012”. Y es cierto: en Latinoamérica, donde a veces la salud mental se toma a la ligera, vale la pena recordar que cada quien vive sus propias batallas. El humor debe ser siempre con respeto y empatía.

¿Quién no ha querido asustar a un borracho?

La conversación no paró ahí. Muchos colegas de hoteles y casinos comentaron que les encantaría tener un monitor de bebé para sus propias noches de locura. “¿Sabes cuántos huéspedes llegan borrachos o volados a mi hotel casino?”, comentó uno, a lo que el autor de la historia respondió: “Yo creo que el 98%, y estoy siendo conservador”.

Y sí, no falta quien, después de una parranda, llegue a recepción buscando la llave de su cuarto, la dignidad perdida o simplemente alguien que le escuche. Si alguna vez te han contado historias de terror en la recepción de un hotel, ya sabes que la realidad supera la ficción.

En la cultura latinoamericana, el humor es una herramienta de supervivencia. Convertimos los problemas en chistes, las noches largas en anécdotas y, claro, los huéspedes difíciles en historias para compartir en la sobremesa. Como bien dijo uno de los comentaristas: “Cuando lidio con borrachos que ni se acuerdan de su nombre, les hablo como sea… total, mañana ni se acuerdan”.

Cierre: El humor que nos salva en la madrugada

Así que la próxima vez que llegues a un hotel de madrugada y sientas que alguien te observa, recuerda: puede ser el recepcionista, puede ser el búho del monitor… o puede ser la vida misma, lista para regalarte una buena anécdota.

¿Tú qué opinas? ¿Te ha tocado vivir algo parecido? ¿Te animarías a hacerle una broma a un huésped pasado de copas, o prefieres pasar desapercibido y evitar problemas?

Cuéntanos tus historias en los comentarios. ¡En Latinoamérica, todos tenemos una anécdota divertida de la noche que merece ser contada!


Publicación Original en Reddit: Messing with guests when they're either drunk and/or high.