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Bienvenidos al mundo hotelero: cuando los clientes creen ser los dueños del lugar

Trabajar en la industria hotelera puede ser una verdadera montaña rusa. Un día puedes recibir una sonrisa y una propina generosa, y al siguiente, un comentario que te hace preguntarte si no sería mejor vender tamales en la esquina. Hoy te traigo una historia que es el pan de cada día para quienes atienden al público: el choque entre la cortesía y la prepotencia de algunos clientes que se creen reyes… aunque solo sean visitantes.

El arte de pedir las cosas (y el deporte de ignorar reglas)

Imagínate esta escena: apenas llevas tres semanas en tu nuevo trabajo en un hotel, todavía tratando de recordar los nombres de tus compañeros y el menú del restaurante. De pronto, ves por las cámaras que una pareja de adultos mayores estaciona su carro justo en la entrada del estacionamiento. Hay espacio para pasar, sí, pero solo arriesgando la suspensión del auto por el terreno lleno de baches y piedras.

Con toda la amabilidad del mundo, te acercas y les explicas: “Disculpen, ese lugar no es para estacionar. ¿Podrían mover su carro para evitar daños y facilitar el paso a otros huéspedes?”. Hasta aquí, todo bien, ¿no? Pues no. El señor, en vez de agradecer el aviso, se indigna y saca la carta de “yo soy cliente de toda la vida” y “ese árbol sin hojas es el único lugar donde mi perro puede esperar en paz”. Y la cereza del pastel: te llama “chica tonta” y su esposa pregunta, con tonito, si eres nueva (como si eso explicara tu “atrevimiento”).

¿Te suena conocido? Seguro que sí, porque en Latinoamérica también abundan los clientes que creen que la frase “el cliente siempre tiene la razón” les da licencia para hacer lo que quieran. Como decía mi abuelita: “Donde hay confianza, da asco”.

Entre perros, autos y egos: lo que nadie te cuenta del trabajo en hotelería

Varios lectores en la comunidad de Reddit no tardaron en reaccionar. Una persona bromeó que lo mejor habría sido llamar a la grúa: “Ya que te dijeron que no y empezaron con los insultos, pues que se las arreglen con el corralón. ¡Ni modo!”. Pero claro, en este caso era en Inglaterra, donde eso no es tan común como en nuestras tierras —aunque más de uno en México o Argentina seguro ya le habría puesto la araña al coche sin tanta vuelta.

Otra preocupación que surgió es el tema del perro. Algunos preguntaron: “¿De verdad dejan al perro en el carro mientras comen?”. Y sí, aunque el restaurante era pet friendly, la pareja prefirió dejarlo afuera. Aquí en nuestra región, eso sería hasta motivo para que la vecina chismosa llamara a la policía o al menos le diera un regaño de esos que se escuchan hasta la otra cuadra: “¡Señora, el perrito se va a asar ahí adentro!”.

Y es que no faltan los que justifican: “Hay razas que adoran el frío; mi perro era feliz en invierno y no quería entrar ni con soborno de carnitas”. Pero también hay quienes recuerdan que en muchos países, dejar a un animal o un niño solo en el coche es ilegal… y peligroso.

“¿Eres nueva?” y otras frases que te hacen rodar los ojos

La joya del relato es la condescendencia con la que trataron a la recepcionista. “¿Eres nueva?”, preguntó la señora, como si eso le diera derecho a ignorar el reglamento. En Latinoamérica, este tipo de comentarios suele venir acompañado de un “Ay, muchacha…” o un “Mijita, así se ha hecho siempre”. Y claro, uno se queda pensando: pues por eso estamos como estamos, ¿no?

Uno de los comentarios más aplaudidos en la comunidad puso el dedo en la llaga: “Son clientes de siempre, pero ni siquiera saben que eres nueva. Muy buen cliente no serán…”. Un poco de humor negro nunca cae mal cuando toca lidiar con personajes así.

Otros aconsejaron simplemente escalar el asunto al gerente y que él se haga bolas, como decimos por acá. Después de todo, uno solo está cumpliendo con su chamba y las reglas son para todos, no solo para los que saludan de mano al portero.

Reflexión final: ¿El cliente siempre tiene la razón? ¡Ja!

Esta historia no es exclusiva de Inglaterra; podría haber ocurrido en cualquier hotel de Cancún, Buenos Aires o Bogotá. Es un recordatorio de que trabajar en el sector de servicios es hacer malabares entre mantener la cortesía y no dejarse pisotear. Hay quienes piensan que por pagar una cuenta, tienen derecho a ignorar normas básicas o tratar mal al personal. Pero, como bien respondió la protagonista de nuestro relato, a veces lo mejor es respirar hondo, sonreír y decir: “Que disfruten su comida”, aunque por dentro quieras aventarles el menú.

Así que, la próxima vez que visites un hotel, restaurante o cualquier lugar de servicio, recuerda que los empleados también son personas, con sus días buenos y malos, y su único “pecado” es querer que todo funcione para todos.

¿Y tú? ¿Has tenido algún encuentro con clientes difíciles o, si eres cliente, alguna vez sentiste que se pasaron contigo? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios! Porque aquí, el chisme y la empatía nunca sobran.


Publicación Original en Reddit: Tired of rude clients after 3 weeks back in hotel work