Aventuras en la recepción: cuando el huésped se convierte en narrador (y en profeta)
Todos pensamos que ir a un hotel es como entrar a un pequeño reino de comodidad, donde el estrés se queda en la puerta y solo importa disfrutar. Pero ¿te imaginas ser testigo directo de esas historias locas que suelen contar los recepcionistas? Pues eso me pasó a mí el fin de semana pasado y, la verdad, todavía me río cada vez que lo recuerdo.
La historia arranca con una escapada familiar: mi hijo, mi prometido (que vino de otro estado) y yo, listos para pasar unos días cerca del aeropuerto. Lo curioso es que, aunque nunca he trabajado en un hotel, soy fan de esos relatos de recepcionistas donde cada día es una novela diferente. Así que, sin querer, terminé siendo protagonista y narrador de una de esas anécdotas dignas de compartir.
El pecado capital del huésped: ¿puedes pedir habitaciones juntas si usaste diferentes tarifas?
Imagina que quieres hacer todo bien: llamas con anticipación, explicas tu situación, y hasta pides las cosas con una sonrisa en la voz. Pero resulta que cometí lo que muchos trabajadores de hotel consideran “el pecado capital”: reservé una habitación por una página de ofertas y la otra directo con la cadena, ¡y luego pedí que fueran contiguas! En Latinoamérica, pedir favores así es casi un arte: uno se cuida de no sonar exigente y siempre lleva su “por favor” y “gracias” bajo el brazo. Y así lo hice.
Por suerte, el equipo de recepción fue de primera. Nos recibieron con la amabilidad que esperas de un hotel de buen nivel. Todo iba de maravilla... hasta que entró “la Karen” de la historia.
Karen y la tarjeta de crédito: el drama universal
Aquí es donde la cosa se pone buena. Mientras esperaba mi turno, observé cómo una señora (llamémosle Karen, porque todos sabemos a qué tipo de personaje me refiero) intentaba hacer check-in sin tarjeta de crédito. En América Latina, todavía hay hoteles pequeños que aceptan efectivo, pero en los grandes es regla de oro: sin tarjeta, no hay entrada.
Karen, con el celular pegado a la oreja, intentaba que su hermana diera los datos de su tarjeta por teléfono. La recepcionista, con una paciencia de santo, le explicó que necesitaba una autorización firmada. Karen murmuró algo incomprensible, resopló y siguió insistiendo. Hasta nos quiso sacar plática a mi hijo y a mí, como quien busca aliados en la sala de espera del IMSS. Yo solo pensaba: “Aquí va a haber problemas…”.
Un comentario de la comunidad en Reddit lo resumió perfecto: “Cuando alguien quiere usar la tarjeta de otro, ya es señal de alerta, aunque intenten hacer el trámite correcto”. ¡Y vaya que lo fue! Al final, Karen salió corriendo porque se le iba a morir el celular. Y yo, en plan profeta, le dije bajito a la recepcionista: “Creo que esa señora va a darles dolores de cabeza”.
Dos días después: la profecía se cumple
Llegó el día del check-out y, en cuanto la recepcionista me vio, soltó una mirada que decía todo. “¡No pudiste tener más razón sobre esa señora!”, me confesó con un gesto de agotamiento. Seguro Karen les hizo vivir una telenovela digna de horario estelar.
Y aquí es donde la comunidad online se lució con sus comentarios. Uno de los usuarios dijo: “Esa mujer era una bandera roja andante, lo de la tarjeta solo fue la cereza del pastel”. Otro agregó: “En Norteamérica, la importancia de la tarjeta de crédito es otro nivel; hasta para rentar un auto o reservar, es indispensable. Si vienes de otro país, puede ser un choque cultural tremendo”. ¡Cuánta razón! En nuestros países, todavía hay lugares donde el efectivo es rey, pero allá, sin plástico, ni sueñes con la habitación.
Incluso alguien compartió una anécdota sobre una amiga europea a la que le negaron el alquiler de una camioneta porque nunca había tenido una tarjeta de crédito. Y es que, aunque la tecnología avanza, hay costumbres que no cambian tan fácilmente.
Reflexiones y agradecimientos: el arte de trabajar en hoteles
Después de vivirlo en carne propia, solo me queda aplaudir a quienes trabajan en recepción. No solo requieren paciencia, sino también olfato para detectar problemas desde lejos… y una enorme capacidad para lidiar con “Karens” y situaciones insólitas.
En Latinoamérica, solemos decir que cada cliente es un mundo, y en los hoteles esto se multiplica por mil. Así que, si eres de los que disfruta quedarse en hoteles, la próxima vez sonríe y agradece a quien te recibe; nunca sabes por lo que está pasando detrás del mostrador.
¿Te ha tocado ver algo parecido en tus viajes? ¿Alguna vez fuiste el “Karen” sin saberlo? Cuéntame tu historia en los comentarios, que seguro hay anécdotas para escribir un libro.
¡Hasta la próxima, y que tus próximas noches de hotel estén libres de dramas y llenas de buenos momentos!
Publicación Original en Reddit: FDA Tale - I'm the guest... and Narrator