¡Auxilio! Lo que los recepcionistas no te dicen sobre el aliento de los huéspedes
¿Alguna vez te has preguntado qué piensan realmente los recepcionistas de hotel cuando llegas corriendo al mostrador, hecho un manojo de nervios y apenas sin aliento? Pues hoy te lo cuento sin pelos en la lengua. Porque sí, atender huéspedes puede ser toda una aventura… ¡y no siempre de las más aromáticas!
Imagínate esto: son las 9 de la noche, la recepción llena, tú estás luchando con el sistema que justo ese día decidió ir más lento que el metro en hora pico, y de repente se te planta enfrente un huésped que parece haber corrido la maratón, te respira encima y, como si fuera poco, te revela con lujo de detalles lo que cenó… pero no con palabras, sino con el mismísimo aliento. ¡Un verdadero “spoiler gastronómico” que nadie pidió!
El arte de sobrevivir al “aliento asesino” en la recepción
Trabajar como recepcionista en Latinoamérica no es cualquier cosa. Aquí, la gente es cálida, cercana… ¡a veces demasiado! Y cuando digo cercana, es literal. Hay huéspedes que llegan tan apurados, sudados y sin aire que se te plantan a 20 centímetros de la cara como si fueras el confesionario y ellos, los pecadores en busca de redención. ¿Y qué recibes tú? Una ráfaga de aliento con notas de ajo, cebolla, chicharrón o, en el mejor de los casos, tequila recién salido del bar.
No es exageración. Como contó un compañero en la famosa comunidad de Reddit “Tales from the Front Desk”, hay quienes tras una noche de copas llegan al mostrador soltando más alcohol por la boca que un expendio de bebidas en viernes social. “¡Los que vienen borrachos y te echan el aliento a ron deberían tener su propia fila!”, bromeó alguien. Y no falta razón: a veces uno siente que merece “pago por riesgo” solo por sobrevivir esa mezcla de aromas.
Las otras batallas del mostrador: bichos, tos y dramas
Pero el aliento no es lo único que te pone a prueba. Uno pensaría que lo peor es el cansancio, pero ¡no! Hay historias que son de no creer. Imagínate recibir a una familia entera, con maletas que parecen mudanza, bandejas de comida casera, y de pronto ves una cucaracha paseando en el hombro del huésped… y minutos después te reclaman porque “vieron una cucaracha en la cama”. ¡Como si uno tuviera fábrica de bichos en el hotel! Entre risas, otro recepcionista compartió que para ellos, algunos huéspedes traen más fauna que el zoológico de Chapultepec.
Y claro, no podía faltar el invitado incómodo: la tos. Especialmente después de la pandemia, los recepcionistas se volvieron expertos en esquivar microbios. Un usuario contaba que hay quienes no dejan de toser encima del mostrador, sin cubrirse ni un poquito. “Por favor, al menos cúbranse la boca o pónganse cubrebocas. Algunos tenemos asma y no queremos llevarnos de recuerdo su gripita”, pedía con resignación. Pero ojo, porque también hay huéspedes que sufren de asma y no pueden evitarlo, aunque siempre hay formas de ser considerados: “Yo siempre me tapo con el codo y trato de girar la cabeza”, relató otro.
Barreras, anécdotas y humor: la vida tras el mostrador
La pandemia dejó muchas cosas, entre ellas las famosas mamparas de acrílico. Más de un recepcionista confesó que extrañan esas barreras porque al menos los protegían de las “tormentas” de aliento y tos. “¡Ojalá se quedaran para siempre!”, decían entre risas. Y no falta quien recuerda con nostalgia los tiempos en que fumar en interiores era permitido… ¡y la recepción se convertía en un asador humano!
Hay anécdotas para todos los gustos: desde el huésped tan agotado que se recarga sobre el mostrador y casi se asoma a las claves de la computadora, hasta el millonario despistado que va dejando billetes por todo el lobby mientras va y viene del bar. “¿Dónde estaba yo para recoger esos billetes?”, se preguntaba divertido otro recepcionista, soñando con la propina perfecta.
¿Y los huéspedes? ¡También tienen su versión!
No todo es queja, ojo. Hay huéspedes que, a pesar de sus peculiaridades, alegran el turno con su buen humor o sus historias. Algunos incluso entienden las reglas del juego y mantienen su distancia, saludan con una sonrisa y hasta traen dulces para el personal. Porque, al final del día, la recepción es como una feria: cada quien llega con su show y, juntos, hacen que el trabajo sea impredecible y, muchas veces, muy divertido.
Así que la próxima vez que llegues a un hotel, respira hondo (¡pero lejos del mostrador!), saluda con cortesía y recuerda que detrás de ese escritorio hay alguien que, con paciencia y buen humor, vive para contarlo.
¿Tienes historias de hotel que te hayan hecho reír, llorar o perder la fe en la humanidad? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque aquí, cada anécdota suma y, quién sabe, tal vez la próxima historia viral sea la tuya.
Publicación Original en Reddit: Front desk workers you know exactly what am talking about