El cliente que rompió el producto antes de leer las instrucciones (y no fue el único)
¿A quién no le ha pasado? Estás en medio de una reparación, sudando la gota gorda, y justo cuando parece que todo va bien... ¡el producto no funciona! En ese momento, la frustración te invade y lo primero que piensas es: “¡Esto está defectuoso!” Pero a veces, lo que realmente falla es algo tan simple como no leer las instrucciones. Sí, ese librito o etiqueta que siempre ignoramos pensando: “¿Para qué? Yo puedo solo”.
Hoy te traigo una historia que no solo te sacará una sonrisa, sino que te recordará por qué a veces conviene tomarse dos minutos para leer antes de actuar. Porque, como buen latinoamericano, sabemos improvisar, pero también aprendemos a las malas.