Año Nuevo en la recepción: historias de hotel que no te contó tu abuelita
Hay quienes creen que trabajar en un hotel durante Año Nuevo es como vivir en una película de acción: fiestas desenfrenadas, huéspedes borrachos, caos en los pasillos y llamadas a la policía a la menor provocación. Pero, ¿qué pasa cuando la tan esperada locura… simplemente no llega? Sí, en serio. Así le pasó este año a un recepcionista nocturno que, después de dos noches de espera, se quedó con las ganas de estrenar su gas pimienta (que, por cierto, llevaba más para espantar mapaches que para ahuyentar maleantes).
Mientras el reloj avanzaba hacia las 2:00 am, lo más emocionante fue un candado de puerta que necesitaba mantenimiento. Nada de borrachos dando espectáculo, ni peleas épicas, ni siquiera un humilde vaso roto. Nuestro protagonista describe el año como “más seco que tamal sin salsa”. Pero, ojo, esto sólo fue la calma antes de la tormenta… de historias que sus colegas compartieron después.
Cuando los huéspedes pierden la vergüenza (y la habitación)
En el mundo hotelero, la solidaridad entre recepcionistas es como el compadrazgo: si te portas mal en un hotel, olvídate de conseguir cuarto en el pueblo entero. Una usuaria contó cómo un grupo decidió insultar a la gerente (sin saber que era la mera directora general), gritando groserías desde el balcón. Resultado: expulsión inmediata, acompañados de la policía, niños y todo. Y como bien dijo un colega: “Aquí todos los hoteles tenemos los teléfonos de los demás en marcación rápida. Si te corren de uno, tendrás que buscar habitación en el siguiente pueblo”.
La venganza entre hoteles puede ser peor que cuando la tía se entera de que no invitaste a su hijo a tu fiesta. Si un grupo problemático es desalojado, mágicamente los hoteles vecinos se quedan “sin disponibilidad” durante media hora. Casualidad sospechosa, ¿verdad?
El eterno dilema: ¿ruido o tranquilidad en Año Nuevo?
Nada dice “Año Nuevo” como los gritos, las trompetas y la algarabía en los pasillos. Pero siempre hay alguien que quiere dormir temprano y exige silencio absoluto a las 11:30 pm. “Señor, esto es un hotel, no un monasterio”, pensó medio personal de recepción. En palabras de una recepcionista: “¿Quién viene a un hotel en Año Nuevo y espera que todo esté calladito?”. Al final, la fiesta se apaga sola, como cuando los fuegos artificiales terminan y sólo quedan los restos de confeti en el suelo.
Y claro, nunca falta el cliente que pide reembolso porque no pudo dormir. Pero aquí entre nos, la única garantía en Año Nuevo es despertarse con antojo de menudo o birria.
Mascotas disfrazadas de “servicio”
Ah, los clásicos que no pueden dejar a Firulais en casa y deciden presentarlo como “animal de servicio”, aunque el pobre perro ni sepa traer las chanclas. Una recepcionista relató cómo un huésped dejó solo al perro en la habitación (a pesar de la política clara de “no mascotas”), y el lomito se puso a ladrar como si estuviera anunciando la Lotería Nacional. Después de varios reclamos, lograron localizar al dueño en el casino, quien regresó, inventó un nombre falso, y finalmente fue expulsado con todo y mirada de “me vale”.
Eso sí, hay hoteles que sí tienen cuartos adaptados para personas con discapacidad y animales de servicio reales, con limpieza especial y acceso directo. Pero si te cachan mintiendo, prepárate para pagar multa y buscar otro lugar para dormir. Como decimos en México: “El que no oye consejo, no llega a viejo”.
Historias insólitas y otras rarezas de la noche
No todo es caos: también hay momentos que te devuelven la fe en la humanidad. Como la señora canadiense que le pidió al recepcionista un vaso de agua… ¡para brindar con él por el Año Nuevo! O el hombre que, en pleno desvelo, se quejó de que no encontraba sus pantuflas (al estilo japonés), enseñándonos que cada cultura tiene sus propias manías. Y sí, en algunos hoteles de lujo sí te dan pantuflas y bata, pero en los normales, ni de chiste.
Por otro lado, la recepcionista embarazada que recibía ofertas de “shots” de tequila de parte de los huéspedes regulares. Porque, claro, para algunos, “un trago no hace daño”, aunque tengas panza de siete meses y estés de turno. Cosas que sólo pasan en hoteles.
Reflexión final: ¿Año Nuevo tranquilo o sólo la calma antes del próximo desastre?
Al final, lo que nos dejan estas historias es que, aunque uno espere fuegos artificiales internos, a veces lo mejor que puede pasar es… nada. Porque en hoteles, el verdadero peligro es confiarse: cuando menos lo esperas, llega el grupo fiestero, el huésped impertinente, el perro disfrazado de héroe, o la señora que te acusa de rentar habitaciones a “drogadictos” sólo porque alguien tiene tatuajes.
Así que, si alguna vez te toca trabajar en recepción durante Año Nuevo, prepárate para todo: desde la noche más aburrida del mundo, hasta la anécdota que contarás en cada reunión familiar. Y si eres huésped… ¡sé buena onda! Recuerda que detrás del mostrador hay alguien lidiando con historias que ni te imaginas.
¿Y tú? ¿Tienes alguna anécdota de hotel en Año Nuevo? Cuéntanos en los comentarios, ¡seguro que hay más de una joya escondida por ahí!
Publicación Original en Reddit: Anyone got good NYE stories yet?